Una experiencia de voluntariado misionero en Panamá

“Pon amor en las cosas que haces y tendrán sentido; retírales el amor y se volverán vacías”.

San Agustín

Cada vez somos más las personas que preferimos tener experiencias por encima de las cosas materiales, superfluas y sin fondo transcendental. Especialmente para nosotros, un grupo de ocho jóvenes profesores y estudiantes con nacionalidad española y portuguesa, de diferentes zonas de España como Salamanca, Madrid y San Lorenzo de El Escorial, junto con el Padre Jesús Torres, hemos querido cumplir ese impulso de búsqueda de la verdad que nuestro padre San Agustín nos ha transmitido desde hace años colaborando en la Misión Agustinana de Tolé, localizada en Panamá.

El grupo tiene como punto de unión la fe y San Agustín. Ninguno nos conocíamos de antemano, pero, los caminos de Dios de una forma curiosa y preciosa a la vez, nos hicieron comenzar como extraños y finalizar como hermanos.

Nuestra experiencia en la misión agustiniana, se focalizó en dos puntos geográficos: Tolé y Llano Ñopo, dentro de la provincia de Chiriquí. Dentro de Tolé, la primera semana el grupo colaboró en dos comunidades: Cerro Viejo y Guabino, compartiendo con las familias, viviendo en sus humildes hogares y haciendo dinámicas con los niños, siendo la fe, el deporte y la música el hilo conductor para convivir con la gente.

Tanto en Tolé como en Llano Ñopo, pudimos comprobar que, ambas zonas, a pesar de encontrarse en un mismo país, poseen una realidad muy diferente de la ciudad. pudiendo observar una realidad dura, ausente en la mayoría de las ocasiones de necesidades básicas como el agua, la comida, material, los hogares o medio de transporte, pero, al mismo tiempo, muy rica en espíritu, fe, humanidad y corazón.

La maravillosa obra literaria de “El Principito” nos regala esta preciosa frase llena de una verdad eterna: “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.” Uno de nuestros principales trabajos en la misión fue compartir tiempo con los jóvenes del internado en las dos residencias de estudiantes que la Misión posee; una en Tolé (RESA); y otra en Llano Ñopo bajo el nombre de Padre Moisés González. Mágica es la palabra para describir la experiencia de ayudar a estos jóvenes en sus tareas escolares y realizar talleres de deporte, música y guitarra, disfrutando de su cercanía, sentimiento de comunidad entre ellos y alegría de espíritu. Pues ellos eran nuestras rosas y nos sentíamos afortunados de poder pasar tiempo a su lado.

Además de este trabajo de acompañamiento con los jóvenes, colaboramos en la rehabilitación de La Villa del Indio, un albergue donde pasan la noche campesinos, indígenas o personas que, por las dificultades en el medio de transporte necesitan andar horas y, llegada la noche, los Agustinos les ofrecen dicho edificio como lugar de hospedaje.

Finalmente, nuestra experiencia concluye en Llano Ñopo, una zona montañosa donde apenas hay cobertura ni facilidades, y sí muchas necesidades. En este lugar residen varias comunidades compuestas por campesinos e indígenas de la etnia Ngäbe-Buglé. Allí compartimos cultura, aprendimos la lengua indígena ngöbere y “Ñatore”, “Hola”,  junto con una sonrisa, se convertía en un potente hilo conductor para hacernos sentir comunidad.

Además, gracias al P. Jesús Torres como guía estuvimos visitando a diferentes familias de la zona, compartiendo conversaciones y oraciones juntos, convocando a la gente y especialmente a los niños para festejar celebraciones como el día del abuelo o los santos patrones de cada comunidad. En dichas celebraciones, la misa, la oración, la música, las canciones, los bailes y diferentes dinámicas de animación eran las protagonistas en los encuentros que rebosaban de vida y de fe.

Citando a la Madre Teresa de Calcuta, decía que “Hay que buscar el rostro de Dios en todo, en todas las personas, en todo momento, y su mano en todo acontecimiento; esto es lo que significa ser contemplativo en el corazón del mundo. Ver y adorar la presencia de Jesús, especialmente en la humilde apariencia del pan, y en la angustiosa forma de los pobres”.

Todos los momentos de la experiencia que el grupo de jóvenes hemos tenido en la misión son únicos, irremplazables y difícilmente de explicar o describir con palabras pues, realmente hay que vivir dentro de ella, abriendo bien los  ojos y mirar con el corazón para poder contemplar que cada acción compartida en el amor, en cada rostro de los niños, en cada elemento por muy sencillo que sea al final todas te llevan al amor y al rostro de Dios.

Sin duda, todos pensamos que lo mejor de toda esta experiencia, es el carácter perenne que ha tomado forma en nuestras vidas ordinarias, como una semilla que ha crecido en nuestro corazón y que tendremos por siempre presente.

 Lucía Muñoz

Voluntariado de jóvenes del Grupo Scout San Pablo en Cuba

Un pueblo acogedor y sediento de Dios

Al comenzar la nueva “ronda solar”, los rutas del Grupo Scout San Pablo del Colegio Valdeluz nos planteamos la posibilidad de realizar una experiencia de voluntariado en Cuba. Habíamos oído el testimonio de nuestros compañeros mayores,  que vinieron entusiasmados tras su experiencia en Panamá el verano pasado. Comentamos la idea con nuestro animador, Pablo Cerviño, y decidimos que ésta sería nuestra empresa durante el año. Nos pusimos en contacto con Cuba a través del  P. José Alberto Escobar,  que en todo momento nos animó a seguir adelante con el proyecto y elaboró un plan de trabajo para un mes. Lo comunicamos al P. Ángel Andújar y, con su aprobación, comenzó nuestro trabajo.

Desde el principio teníamos muy claro que queríamos autofinanciarnos el viaje, con lo cual comenzamos a vender chocolate con churros en la puerta de la parroquia Santa María de la Esperanza y, posteriormente, realizamos actividades de animación con niños en primeras comuniones y bautizos.

Llegó el mes de julio y ya teníamos todo preparado. Ahí estábamos los 7 miembros de nuestro clan de rutas, con el acompañamiento del P. Chema, dispuestos a partir para Cuba: Pablo, Gadea, Jesús, Gracia, Miguel, Adriana y Lucía. El P. Miguel Ángel Martínez Fuertes, residente allí desde hace tres años, nos dio las últimas instrucciones y nos acompañó en el viaje.  Llevábamos las maletas cargadas de medicinas, ropa, material escolar y otros muchos objetos religiosos. También llevamos el dinero recaudado en las actividades solidarias del Colegio Valdeluz y de la Parroquia Santa María de la Esperanza: rastrillo de 4º de ESO, bar solidario, torneo deportivo… Nos sentíamos enviados por nuestra comunidad y dispuestos a aportar nuestros conocimientos. Teníamos un poco de miedo a lo desconocido, pero nos dimos cuenta de que éramos unos privilegiados.

Los agustinos prestan su servicio en tres parroquias de Cuba, muy distantes unas de otras: Puerto Padre, La Habana y Chambas. El trabajo que realizamos se dividió en dos partes. Durante la primera quincena residimos en Puerto Padre. Con el acompañamiento del P. Roberto Carpintero, del seminarista Yandi y de las hermanas Lucy y Petronila, de la Congragación Misionera de las Hermanas de María Evangelizadora, realizamos muchas actividades sobre valores evangélicos en las comunidades de la parroquia: Bazarales, Vázquez, Santa Teresa, San Manuel y Aguada Nueva. Son pequeñas comunidades, pero llenas de niños y con una gran vitalidad. Se nota la labor de las catequistas y de laicos como Yosvani y Gustavo, que se están preparando para recibir el diaconado permanente. En Puerto Padre participamos en las celebraciones eucarísticas y en las oraciones de la comunidad parroquial de San José y en seguida nos hicimos amigos de los jóvenes que participan en la vida de la parroquia. En la evaluación que realizamos con el P. Roberto subrayamos como muy positivo la acogida y el acompañamiento que todos nos prestaron. Sentimos que la Iglesia es una familia. Nos llamó la atención la colaboración de muchos seglares y catequistas.  Comprobamos la precariedad de la vida en Cuba. De vez en cuando había cortes de luz y era difícil adquirir ciertos alimentos. Pero todos se esforzaron para hacer nuestra estancia agradable.

En la segunda quincena nos trasladamos a La Habana, no sin cierto temor, pues habíamos estado muy a gusto en Puerto Padre y temíamos que no hubiera ni siquiera agua para lavarnos. Sin embargo, el P. Miguel Ángel Martínez Fuertes se ocupó de que todo estuviera a punto y nos acompañó en todo momento. ¡Cuánto le agradecemos su constante apoyo!  Participamos en las celebraciones de la parroquia del Cristo del Buen Viaje, situada en la Plaza Vieja del Cristo.  Nuestra misión en la Habana fue la realización de un campamento de niños con las Hermanas Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta en Manibón, el barrio más pobre de la Habana.  Sabíamos que teníamos que entregarnos a fondo, pues comprobamos desde el principio que los niños eran muy traviesos y venían de unas circunstancias familiares muy difíciles: desestructuración, pobreza extrema, falta de valores… La labor que realizan las Hermanas es maravillosa. Con sus precarios medios, provenientes de donaciones, dan de comer a las personas que se acercan a su casa. Pero, sobre todo, dan testimonio de  su fe, animan las celebraciones litúrgicas de la parroquia y atienden a toda persona que se acerca a ellas.

En Cuba no se prohíbe la religión, pero hay muchas personas que nunca han oído hablar de Jesucristo. Las sectas tienen un campo abonado, así como la mezcla de ritos y de santería. Nos llamaba la atención el caso de niños que vestían todo de blanco y tenían que comer en un vaso y en un plato blanco. Estaba su familia iniciándose en algún rito de santería.

En el barrio de Manibón, además de ayudar a las hermanas a distribuir el desayuno, la merienda y el almuerzo, nos dividimos en tres grupos por edades. Había niños desde los 4 a los 13 años. Las actividades de la mañana comenzaban con una oración en la que se explicaba el lema y el santo del día. Después tenían tres actividades: taller de manualidades, deporte y teatro-música. Antes del almuerzo teníamos una exposición del Santísimo y algún día Eucaristía. También realizamos alguna excursión. Los valores que cada día tratábamos de infundir fueron: la amistad, la solidaridad, el compartir, el servicio, la vocación, la fortaleza, el respeto, el cuidado de la naturaleza y la oración. Terminamos cogiendo cariño a estos niños que al principio no nos hacían mucho caso, pero que eran muy agradecidos. ¡Cuántas lágrimas en la despedida! 

En uno de los fines de semana participamos en el Encuentro de Jóvenes de las parroquias que los agustinos tienen en Cuba: Chambas, Puerto Padre y la Habana. Fue una alegría poder compartir con ellos esos días. Era ya su tercer encuentro y el tema era que todos estamos llamados a la santidad, presentándose especialmente la conversión de san Agustín, la vida de Santa Rita de Casia y del P. Moisés González. Hubo una total sintonía con estos jóvenes, muchos de ellos ya maduros. En este encuentro participó también Yoandri, que actualmente realiza sus estudios teológicos en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. También coincidió nuestra estancia en La Habana con la muerte del cardenal Jaime Ortega, que tanto hizo por la recuperación de derechos de todos los cubanos. Había conseguido, en diálogo con el gobierno, la liberación de muchos presos. En sus últimos años, celebraba la Eucaristía en la parroquia de las Hermanas de Calcuta. Varios niños, entre ellos Josué y Leandro,  le recordaban con cariño.

La tasa de pobreza en Cuba es del 90%. El salario medio es de 500 pesos (20 dólares) al mes, la pensión media es de 250 pesos (10 dólares).  No es de extrañar que muchas personas quieran emigrar a Miami y otros muchos busquen en su genealogía antepasados españoles para venir a España. Muchos arriesgan su vida en el trayecto por mar hacia EE.UU. Es casi imposible obtener el visado para venir a España. Los familiares envían dinero desde el extranjero y con esto pueden algunos permitirse el lujo de tener un móvil. Es verdad que el actual gobierno ha elevado el salario de maestros y médicos, pero la situación en Venezuela y el bloqueo norteamericano hacen que la situación sea cada vez más difícil, llegando incluso a no tener el combustible que se necesita. La mayoría de la gente viaja en transporte público, en las bicitaxis, en los coches de caballo, o en guaguas abarrotadas hasta arriba.

Volvimos a España cargados de recuerdos de la gente buena que conocimos. Es un pueblo al que le falta esperanza en el futuro, acostumbrado al sufrimiento, con hambre de pan y de Dios. Sabemos que no hemos podido solucionar ningún problema, pero al menos hemos vuelto con nuestra mente transformada. Hemos recibido mucho más de lo que hemos dado.  A pesar de que las comunidades cristianas son todavía muy pequeñas en número, sin embargo viven la fe con autenticidad. Conocimos la Cuba profunda, la auténtica, no la que ven los turistas. El pueblo cubano tiene un cariño especial a los españoles, pues allí se conserva el recuerdo de la cultura española de antes de la revolución. Siempre nos trataron con amabilidad y se desvivieron por nosotros.  

Agradecemos de corazón su acogida y acompañamiento, que nunca olvidaremos.

Rutas del Grupo Scout San Pablo