Avilés, Francisco de (+1734)

Fueron sus padres Francisco de Avilés Sotomayor y Catalina Ortiz y nació en el pueblo toledano de Consuegra. Profesó en el Convento de san Felipe el Real en 1685. En 1699 era Regente de Estudios en el Colegio de Doña María de Aragón. Su título académico y los importantes cargos que desempeñó aparecen en las obras que publicó; efectivamente, fue Maestro en Sagrada Teología, Asistente General para las Provincias de España e Indias, tres veces Provincial de la Provincia de Castilla y dos veces Rector del Colegio de Doña María de Aragón. Como Provincial, fue gran promotor de los estudios, dando, durante sus años de provincialato, todas las facilidades a quienes mostraban especiales dotes intelectuales para ellos, como fue el caso del más tarde autor de la España Sagrada, P. Enrique Flórez, quien, precisamente, sería el encargado de pronunciar la oración fúnebre en las exequias celebradas en el Convento de san Felipe el Real el 27 de mayo de 1734.

Al P. Francisco de Avilés se debió la instalación en el Colegio de Doña María de Aragón de una imprenta en 1732, la «Imprenta del Ven. P. Alonso de Orozco». Precisamente, una de las primeras obras que salieron de sus prensas fue la Chrónica Espiritual Agustiniana, que había dejado escrita el P. Sebastián Portillo en 1651 y a la que el P. Avilés dio la última mano. Fue autor de varias obras, la más importante de las cuales es la que lleva por título Contraste espiritual en que se dan reglas claras para examinar y conocer el aprovechamiento del Alma en la oración, para que viva bien y se exercite en ella. Obra suya es también la traducción de la Regla de S. Agustín y Constituciones de su Religión, que llevó a cabo siendo Provincial. En la dedicatoria que hace de ésta se lee: «Determiné sacar a luz nuestras leyes en idioma castellano porque, aunque las obras en latín se alaben mucho, las de la lengua vulgar más se apetecen».

Nos dejó inéditos, además, otros escritos menores, como Sermones y Papeles Varios. De algunos estos escritos habla el P. Flórez en estos términos: «Gastaba muchos ratos de lección espiritual, en la oración no pocos; diome unos papeles escritos por su mano de lo más selecto que los Doctores místicos han dicho acerca de la oración mental; todo tan espiritualizado y liquidado, que no pudiera hacerse sin largas experiencias». Hermoso testimonio de quien tan bien lo conoció.

Teófilo Viñas, OSA