Castro, Juan de (+1611)

Juan de Castro

Juan de Castro

Nacimiento y formación

Fue natural de la ciudad de Toledo, en cuyo Convento de san Agustín hizo su profesión el día 20 de agosto de 1565. «En el día en que tomó el hábito y en que nació —escribe su biógrafo fray Antonio del Castillo— dexó este santo varón escrito de su letra en esta manera: Entré ,frayle año de 1565 en 20 de agosto. Tenía 18 años cumplidos. Mi nacimiento fue el año de 1547 en 25 de henero, día de la conversión de S. Pablo. Diome el ávito en San Augustín de Toledo el P. fray Francisco Serrano, provincial de la provincia de Castilla, el P. Fray Diego López, mi maestro de novicios, el P. fray Luis Álbares, un santísimo varón». Llaman la atención los tres ilustres agustinos aquí citados por el joven fray Juan.

Los estudios eclesiásticos los cursó en Salamanca. Y una vez terminados y recibida la ordenación sacerdotal, aunque poseía talento y méritos para dedicarse a la enseñanza de la teología y así lo deseaba él, aconsejado por los Superiores que lo veían con unas cualidades excepcionales para la predicación, decidió seguir su parecer. Y, en efecto, muy pronto comenzaron a brillar sus grandes dotes oratorias unidas, además, a una vida verdaderamente ejemplar. No obstante, sus deseos de profundizar en los estudios teológicos le llevarían a graduarse de Bachiller en Teología por la Universidad de Santo Tomás de Ávila en 1604 y a obtener los grados de Licenciado y Maestro en 1605.

Predicador

Ponderando sus grandes cualidades oratorias y la ejemplaridad de vida, nos dirá el citado fray Antonio del Castillo, su confesor y biógrafo, con motivo de su información en el proceso del Venerable Alonso de Orozco: «El dicho santo Arzobispo siempre fue muy gran siervo de Dios, de grande oración y contemplación, tenido de los Reyes y Príncipes y generalmente de todo el pueblo por santo varón y ejemplar vida y gran trabajador en el ejercicio de convertir almas, en el ministerio de la predicación». Ejerció esta predicación sucesivamente en Talavera, Madrid, Salamanca, Valladolid y de nuevo Madrid, en cuyos conventos estuvo destinado.

Su estancia en el convento de Talavera se debió a que, impulsado por su gran fervor y con deseos de mayor perfección, abrazó la Reforma de los Descalzos, a la que pertenecía aquel convento, el primero que se les había entregado, a raíz del Capítulo celebrado en Toledo en 1588; no obstante, ante las dificultades para sobrellevar los rigores que allí se vivían y, sobre todo, aconsejado por el Provincial, fray Agustín Antolínez, hubo de regresar poco tiempo después con sus otros hermanos, los Agustinos Calzados.

Arzobispo de Bogotá y renuncia

Entre 1602 y 1604 desempeñó el cargo de prior del Convento de Valladolid. En 1607 fue elegido Prior del convento de Salamanca, pero no llegó a tomar posesión por haber sido propuesto por el rey Felipe III para arzobispo de Santa Fe de Bogotá. Aceptada la propuesta real por el Papa, fue preconizado el día 7 de enero de 1608. Recibió la ordenación episcopal de manos del arzobispo de Valencia y patriarca de Antioquia, san Juan de Ribera. Sin embargo, no pasó a gobernar la Diócesis por haber recibido, acto seguido, el nombramiento de Predicador Real por el mismo Felipe III; cargo que le obligaba a permanecer en la Corte; y, por lo mismo, renunció a aquel arzobispado. Tres años más tarde moría en Madrid, a los 64 años de edad, tras una vida ejemplar y dando claras muestras de santidad hasta sus últimos momentos.

En la margen superior del Libro de Profesiones del Convento de Toledo figura esta anotación: «Fue predicador de los reyes Felipe 2° y 3°, Arzobispo de Santa Fe en el Nuevo Reino de Granada. Murió el año de 1611, a dos de agosto». En la parte inferior se escribió lo siguiente: «Murió el año de 1611 a dos de agosto; enterrándole encima de la puerta de la sacristía con grande aprobación de santidad. El año 48 por el mismo mes de agosto, poniendo puertas nuevas y mayores, cayó el ataúd desde lo alto y se hizo pedazos, y el cuerpo del santo arzobispo se halló entero y el pontifical como si se acabara de hacer. Yo lo vi y saqué una reliquia. Fr. Nicolás Suárez».

Escritos

Dejó manuscritos algunos apuntes sobre la vida del hoy san Alonso de Orozco, que fueron aprovechados por el P. Juan Márquez en la espléndida biografía que escribió del entonces Venerable Padre fray Alonso. Sabemos también por fray Antonio del Castillo, que tenía un cuaderno en el que escribía sus soliloquios y meditaciones, es decir, «lo que meditaba cuando más encendido estaba en amor de Dios, y su divina Majestad hacía particulares favores a su alma»223. Es de lamentar que tanto este cuaderno como también algunos de sus sermones escritos de su mano no hayan llegado hasta nosotros.

Teófilo Viñas, OSA