Elías del Socorro Nieves (+1928)

BiografíaBibliografía
Elías del Socorro

Elías del Socorro

Nacimiento e infancia

Nace el 21 de septiembre de 1882 en la Isla de San Pedro del Lago de Yuriria, Estado de Guanajuato (México). Hijo del humilde matrimonio campesino conformado por D. Ramón Nieves y Doña Rita Casitillo. Apenas cumplidos los trece años pierde a su padre asesinado por unos salteadores. A partir de este hecho, a Elías le tocará vivir la dura experiencia de la pobreza de solemnidad. Doña Rita deberá vender la casa para pagar las deudas de su difunto esposo. Y cuando los recursos se agotan, la madre, de salud muy precaria, lava ropa ajena, mientras Elías trabaja en el campo. En adelante, seguirán subsistiendo a duras penas, a la sombra de protectores providenciales, por sistema de corta duración.

Desde el día de su primera comunión, Elías abrigaba una ilusión mantenida: la de ser sacerdote. Huérfano y desamparado, fue al encuentro de su primo agustino, el P. Adeodato Castillo, y le manifestó su deseo de ingresar con los agustinos. Este, que conocía sus cortas aptitudes para el estudio, le disuadió.

Ingreso en la Orden

Cuatro años más tarde (1904) Elías insistirá en su empeño, llamando a las puertas del Colegio Agustiniano de San Pablo, recién reabierto, en el viejo convento de Yuririhapúndaro, y por nueva intervención del P. Adeodato, es rechazado. Pero la afortunada influencia del P. Agustín Flores cambiará la opinión del Rector y Elías es admitido a formar parte de aquellos candidatos a la vida religiosa agustiniana. Las angustias de su pobreza, sin embargo, no terminarán con ello. La provincia agustiniana, a causa del despojo de todos sus bienes, no podía atender a las necesidades de los estudiantes, y éstos tenían que buscarse por su cuenta alimento, vestido y libros. Siguen para Elías las penurias económicas, pero también el aprovechamiento en sus estudios, con varios premios y el mejor diploma de conducta.

En 1905 es acogido en la humilde cabaña del padre agustino Fr. Vicente Gallardo (las circunstancias políticas habían obligado a los religiosos a vivir en casas particulares). Con él comparte su mesa pobre, así como su apoyo y orientación. Pero le aguardaba una prueba aún más dura: un día, al repasar el Nebrija, Elías notó que las letras se le borraban y sus ojos se encontraron en densas tinieblas: ¡Estaba ciego! Vio derrumbarse definitivamente su ilusión más acariciada: la de ser agustino y sacerdote. Su refugio fue la oración y una peregrinación a Morelia para exponer su tristeza ante la Madre del Socorro. Y la respuesta le llegó en Yuriria, donde la acaudalada dama doña Soledad Orozco le adoptó por hijo y se encargó de todos los gastos de su curación, que, en efecto, llegó tres meses después. El camino de su ideal quedó despejado y, al fin, el 19 de Enero de 1910, Elías Nieves inicia su noviciado agustiniano con la dirección de su Maestro Fr. Julián Urquiola, agustino español del Real Monasterio de El Escorial.

Ordenación y ministerio sacerdotal

Realizados sus estudios filosófico-teológicos en el Convento Agustiniano de Aguascalientes, recibe al fin su ordenación sacerdotal el 18 de Marzo de 1916.

El P. Nieves estrenó su ministerio como vicario cooperador de la parroquia agustiniana de Yuriria apenas por cuatro meses. A finales de este mismo año 1916 es solicitado por su primo el P. Adeodato como cooperador en la Parroquia de San Nicolás de Agustinos. Un año más tarde el P. Adeodato, le confesará con la franqueza con que se había opuesto a su ingreso:”Pues mira tú, me equivoqué cuando te decía que apenas servirías para el otro arado y que en éste de Cristo se te quebraría la reja… ¡Pero ni siquiera te salen los surcos chuecos…!” En años sucesivos seguirá desempeñando su apostolado en Aguas Calientes, Santiago Maravatío y Peñicuatro hasta que, en diciembre de 1921, toma posesión de la vicaría de La Cañada de Caracheo, donde se conquistará el cariño y, admiración de sus fieles y sellará su labor con el martirio.

Detención y martirio

Y llegaron tiempos oscuros. El presidente Calles había impuesto sus leyes antirreligiosas, en 1926, y los “Cristeros” fueron surgiendo en pie de lucha, en diversos estados, para defender su fe cristiana al grito de “Viva Cristo Rey”. El Gobierno declaró una abierta persecución a los sacerdotes, a quienes ordenó concentrarse en la ciudad de México. Fueron muchos, sin embargo, entre ellos el P. Nieves, los que decidieron permanecer fieles al lado de su grey, si bien disfrazados y ocultos. El P. Nieves, disfrazado de ranchero, hizo de una cueva, en lo alto de la montaña, su morada y templo, adonde llegan los fieles para vivir y consolidar su fe y desde donde se desplaza para atender a sus ovejas y llevar la comunión a los enfermos.

El 8 de Marzo de 1928, el P. Nieves pasó todo el día en su cueva de “El Leñero”, entregado a un retiro espiritual. Al anochecer bajó al rancho de San Pablo, propiedad de los hermanos Sierra, con intención de pernoctar allí y celebrar, con sus amigos, la santa misa del día siguiente, segundo viernes de cuaresma. Este mismo viernes, fue sorprendido por una tropa de soldados de caballería al mando del Mayor Rodríguez y fue detenido. Y presos con él llevaron también a los hermanos Jesús y Dolores Sierra.

El Mayor Rodríguez trató al P. Elías con respetuosa consideración, e incluso le cedió su caballo para que no caminara a pie. No tardó mucho, sin embargo, en aparecer el capitán Márquez, de no tan buenos sentimientos como Rodríguez y se hizo cargo de los presos. El P. Nieves animó a los hermanos Sierra a que aprovecharan la ocasión para escapar, pues los necesitaban sus familias; pero éstos se negaron. Más tarde el P. Nieves rogará al capitán que hiciera con él lo que quisiera pero que dejara en libertad a sus compañeros de prisión; el capitán no pareció adverso a la súplica, pero Jesús Sierra reafirmará su decisión: -“Padre, nosotros estaremos con usted hasta el fin; sólo nos iremos si le dan libre a usted”. E incluso propone al capitán: “Acepte nuestra vida por la del Padre”. Pero el capitán desdeñó tal petición.

Aquel mismo día sacaron a los tres hacia el camino, donde los dos hermanos Sierra fueron ejecutados, mientras gritaban “Viva Cristo Rey”. El P. Nieves rogó que lo fusilaran un poco más adelante, donde él indicaría. Y al llegar junto a un mezquite, a tres kilómetros bien medidos del centro de Cortazar, el Padre dijo serenamente: -“Aquí, mi capitán. Permítame nada más unos momentos para encomendar mi alma a Dios”. Y, acto seguido: “Capitán, estoy listo para morir por mi Religión. Ahora arrodíllense todos para darles mi bendición sacerdotal en señal de perdón”. Los soldados, en efecto, cayeron de rodillas, pero el capitán con rabia exclamó: -“Yo no necesito bendiciones de curas; a mí me basta mi pistola”. Y disparó sobre el fraile en el momento en que éste trazaba sobre -los soldados la señal de la cruz. Al caer, alcanzó a decir: -“Dios te perdone, hijo mío. ¡Viva Cristo Rey!”. Una mujer y un pastor, escondidos tras de unos matorrales presenciaron los hechos y dieron mas tarde testimonio de los mismos.

Eran las tres de la tarde del sábado 10 de marzo de 1928.

Sobre la tumba del P. Nieves los feligreses dejaron lámparas y cánticos, flores y plegarias, y más que todo eso su corazón. Desde aquel día no han cesado las visitas, creciendo año por año.

Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 12 de octubre de 1997 en Roma.

Nicolás P. Navarrete, OSA, y Antonio Álvarez, OSA ( Boletín OALA 65)

Su mensaje para hoy

“Todo sacerdote que predica la Palabra de Dios en tiempo de persecución, no tiene escapatoria, morirá como Jesucristo en la Cruz con las manos atadas”. Estas palabras del P. Nieves expresan con realismo una visión clarividente sobre la situación que le tocaba afrontar y su firme decisión, desde la fe, de abrazar la cruz de Cristo, manteniéndose fiel a su ministerio. A pesar del peligro, quiso permanecer con su grey durante el tiempo de la persecución, recordando el ejemplo de Agustín: “Yo, a la vez que os alimento, me alimento con vosotros; concédame el Señor fuerzas para amaros hasta morir por vosotros, ya en la realidad, ya en la disponibilidad” (Serm. 296,5).

La entrega a su ministerio fue incondicional. Arriesgó y perdió su vida por las ovejas, alcanzándola para la vida eterna. Ejerció su ministerio en medio de gentes sencillas, entregándose a ellas con alegría y dedicación. La escuela de la pobreza hizo de él un hombre que supo vivir con sobriedad.

No eran momentos para empeñarse en grandes obras. Elías del Socorro fue grande en la fidelidad a lo sencillo. Aún así se preocupó del bienestar de su gente, ayudándoles en sus necesidades.

El P. Nieves murió bendiciendo a los soldados que se disponían a ejecutarle y regalando su perdón y sus escasos bienes a su propio verdugo. El P. Elías es un testigo elocuente de la fe que profesó, y un modelo en la fidelidad a su vocación y a su ministerio. En el P. Nieves sorprende su sencillez y bondad, su total dedicación a sus fieles, su clarividencia en aceptar la radicalidad del Evangelio hasta las últimas consecuencias.

Miguel A. Orcasitas, OSA

CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM

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NAVARRETE, N. P., OSA

El Viacrucis de un agustino. Semblanza biográfica del Siervo de Dios R. P. Fr. Elías del Socorro Nieves, OSA. (1882-1928)
México 1960 (reimp. 1978)
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