Fonseca, Cristóbal de (+1621)

Vida de Cristo

Vida de Cristo

Era hijo del Contador Diego de Fonseca y de Isabel Álvarez, y nació en Santa Olalla (Toledo). Ingresó en el convento de san Agustín de la ciudad del Tajo, en el que profesó el 8 de febrero de 1566. Al margen de su profesión se puso esta nota: «Fue insigne predicador y escritor famoso y rector provincial desta provincia y definidor muchas veces». Los estudios filosóficos probablemente los cursó en Toledo, mientras que la teología la estudió en Salamanca. Alcanzó el grado de Maestro de la Provincia en 1596, título con el que asistió al Capítulo General de 1608.

En 1591 ocupaba el cargo de Prior en el convento de Segovia. El cargo de Rector Provincial lo habría ejercido en 1607 hasta la celebración del Capítulo de la Provincia en el mes de junio del mismo año, por muerte del Provincial fray Hernando de Orozco. En este mismo Capítulo fue nombrado Prior del Convento de san Felipe el Real de Madrid y en el de 1609 salió elegido Definidor; cargo para el que volvería a ser elegido en el Capítulo de 1615 y, como tal, por ser el mayor de los Definidores, hubo de presidir el Capítulo de 1618.

Fue el P. Fonseca uno de los testigos en el proceso para la beatificación del santo Orozco. En su declaración ante el tribunal el día 9 del mes de octubre de 1619 dice que es conventual del Convento de san Felipe el Real, que «tiene 65 años, poco más o menos» y que «conoció al bendito Padre Alonso de Orozco por espacio de diez meses, poco más o menos». Añade, después, que presenció la exhumación de sus restos ese mismo año y puede testificar que, «después de tocarle el pecho y los brazos le halló tan entero como si estuviera vivo».

Del prestigio que el padre Fonseca llegó a gozar en su tiempo, por la elegancia de su estilo literario, tanto en sus escritos como en sus sermones, dan fe estos versos que Lope de Vega le dedica en su obra la Jerusalén Conquistada: «Fonseca, universal fuente perenne,/ Ya no Fonseca, sino fuente viva,/ Pues en admiración el mundo tiene/ Tu misma pluma tu alabanza escriba». También Cervantes tiene palabras elogiosas para nuestro agustino, cuando en el «Prólogo» del Quijote dice de él: «Si tratáredes de amores, con dos onzas que sepáis de la lengua toscana toparéis con León Hebrero, que os hincha las medidas. Y si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca Del amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos -y el más ingenioso acertare a desear en tal materia».

No menos elogiosas son las palabras que le dedica Vicente Espinel en El escudero Marcos de Obregón: «El P. Maestro Fonseca –dice-escribió divinamente del amor de Dios, y con ser materia tan alta, tiene muchas cosas donde puede el ingenio espaciarse y vagarse con deleite y gusto».

No en vano, pues, su nombre, como autor del Tratado del amor de Dios y de la Vida de Cristo, lo hacen figurar, muy merecidamente, en el Catálogo de Autoridades de la Lengua de la Real Academia Española. La primera parte de la Vida de Cristo trata de los misterios principales de Cristo; la segunda, de sus milagros; la tercera, de las parábolas y la cuarta, de su doctrina. Ambas obras tuvieron gran difusión en vida del autor y fueron traducidas al francés y al italiano. Por otra parte, en el volumen de sus Sermones podemos ver muy justificada la fama de su oratoria. Sabemos que la comunidad del Convento de san Agustín de Toledo hizo pintar el retrato del P. Cristóbal de Fonseca, considerado como una de las mayores glorias de aquel su convento.

Añadamos, finalmente, que en el Libro de Profesiones del Convento 1, al margen de su profesión y junto a la nota antes citada, se añadió esta otra: «Murió en Madrid en 9 de noviembre de 1621 y predicó a sus honras el Maestro Fr. Diego López».

Teófilo Viñas, OSA