Frederico de Regensburg (Ratisbona)

Nació en Ratisbona (Alemania) y entró en el convento de agustinos como hermano no clérigo. Ocupó los días y las horas de su vida en hacer bien las tareas más sencillas e imprescindibles del convento: trabajar como carpintero y proveer la casa de leña para el uso cotidiano.Todo ello unido a una profunda religiosidad, una humildad callada y una ardiente devoción a la Eucaristía.

Pasó tan desapercibido por el corredor de la historia que nadie se ocupó de escribir la crónica de su vida. Donde falta información documentada las leyendas se multiplican. Una de ellas habla de que un día no pudo asistir a la misa conventual y un ángel le dio la comunión en el lugar donde se hallaba trabajando. El narrador medieval presenta así las virtudes y los ideales religiosos del hermano Federico. No venció a nadie con las palabras, convenció a todos con su vida y los biógrafos subrayan su obediencia, su delicadeza con los demás, su caridad con los pobres y su amor ferviente a la Eucaristía. “El beato Federico sirvió a la comunidad en los diversos oficios encomendados, anteponiendo siempre el bien común al propio, que es el carácter distintivo de la caridad cristiana, según nos enseña san Pablo y nos recuerda san Agustín en la Regla” (P. Clemente Fuhl, Prior General OSA).

Murió el 29 de noviembre de 1329. El Papa san Pío X lo proclamó beato el 12 de mayo de 1909. Sus restos se veneran en la parroquia de santa Cecilia, en Ratisbona.

Texto tomado de la página web de la Orden de San Agustín