Hernando Ayala (+1617)

BiografíaBibliografía
Mártires del Japón

Mártires del Japón

Nació nuestro Beato en Ballesteros (Ciudad Real); sus padres Hernando de Ayala y María Fernández eran de sangre noble. Él, sintiéndose llamado a la vida religiosa, ingresó en el convento agustiniano de Montilla (Córdoba) el 18 de mayo de 1593, profesando el 19 de mayo del año siguiente. Cursó la carrera eclesiástica en Alcalá de Henares, dando prueba de una gran capacidad intelectual, por lo que fue invitado a explicar allí un curso de Artes. Sin embargo, sus inquietudes apostólicas le llevaron a alistarse en una de las misiones enviadas con destino a las Islas Filipinas, embarcándose en 1603.

En su breve estancia en México, en donde se retomaban fuerzas para reemprender la travesía del Pacífico, llamó la atención, desde el primer momento, por sus enfervorizados sermones. Llegó a Manila en 1604, donde permaneció poco más de un año, pues en 1605 pasó al Imperio del Sol Naciente, empleando unos meses en aprender la lengua. Pasó después a trabajar en la ciudad de Bungo y lugares aledaños, donde había numerosos catecúmenos y cristianos que pedían, aquéllos el bautismo y todos instrucción. Dice un cronista que en los dos años siguientes bautizó a unos tres mil, entre adultos y niños. En 1607 regresó a Filipinas a solicitar el envío de más religiosos. Y con ellos, estaba de vuelta poco después, como Vicario-Provincial de los Religiosos Agustinos.

En 1612 fundó un pequeño convento en la ciudad de Nagasaki, del que fue nombrado Prior en la Congregación Intermedia de la Provincia. Hasta esa fecha pudo trabajar con relativa libertad; fue a partir de entonces cuando comenzaron las dificultades y persecuciones, no sólo contra los religiosos sino también contra todos los cristianos. Nuestro fray Hernando pudo esconderse y, junto con algunos religiosos dominicos, continuar con su actividad apostólica, decidido a arrostrar los peligros que le amenazaban. Al saber que en el reino de Omura los cristianos reclamaban la presencia de algún sacerdote, allá se dirigió en 1617. Tanto él como el dominico fray Alonso Navarrete pudieron ejercer el apostolado durante algún tiempo, hasta que se hizo pública su presencia. El reyezuelo de Amura mandó prenderlos. Y el simple hecho de ser sacerdotes de la Iglesia Católica fue causa suficiente para condenarlos a muerte. La sentencia fue ejecutada en la isla de Tacaxima, siendo decapitados a machetazos el 1 de julio del mismo año.

El P. T. de Herrera en su Alfabeto recoge esta noticia: su cuerpo y el del franciscano fray Pedro de la Ascensión, martirizado también, fueron depositados en una caja, a la que ataron una gran piedra y arrojaron al mar. Años más tarde, acaso al pudrirse las cuerdas, salió a flote la caja con los cuerpos. Descubierta por los cristianos, aunque exponiéndose gravemente a ser denunciados, recogieron los venerables restos.

Ponderan los cronistas que en muy poco tiempo fray Hernando había conseguido dominar la lengua japonesa, en la cual «salió muy experto», tanto que fue capaz de traducir a ella varios libros devotos, como el Sumario de las Indulgencias de la Santa Correa y una Vida de san Agustín. A este propósito, escribe el P. J. Sicardo: «para fomento de la cristiandad de Nagasaki compuso algunos libros devotos y elegantes en lengua nipona con que aprovecharon mucho los cristianos». También se conservan varias cartas suyas, algunas de las cuales fueron escritas desde la prisión. Fray Hernando Ayala de san José fue beatificado por el Papa Pío IX el 7 de julio de 1867.

Teófilo Viñas, OSA

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