Méntrida, Alonso de (+1570)

Nació en Méntrida (Toledo), viniendo a fallecer su madre a consecuencia del parto. En la escuela parroquial hizo sus primeros estudios, ingresando más tarde en el Seminario que mantenía la comunidad jerónima en el Monasterio de El Escorial, en donde «aprendió muy bien latinidad, en la cual salió muy consumado». Con 16 años ingresó en el noviciado del convento agustiniano de Casarrubios del Monte, haciendo su profesión religiosa en el año 1591. Los estudios de Artes y Teología debió de realizarlos en el convento de Toledo. Y en Toledo estaba cuando los Superiores lo destinaron a las misiones de Filipinas. El grupo misionero organizado por el Procurador fray Francisco de Ortega zarpó del San Lúcar de Barrameda el 30 de mayo de 1597 y llegó a Manila el 31 de mayo de 1598.

Su nombre lo encontramos registrado por primera vez en las Actas del Capítulo Provincial celebrado en 1599. En el de 1602 fue nombrado Maestro de novicios en el convento de Manila y también Lector de Gramática. A continuación ejerció el apostolado misionero en los montes de Panay, donde fundó varios pueblos con los indígenas convertidos por él mismo. En los años siguientes desempeñó los cargos de Prior en varios conventos, Definidor, Visitador y, finalmente, fue elegido Provincial en 1623. Terminado su provincialato en 1626, hubo de asumir de nuevo, aunque por poco tiempo, el cargo, como Vicario Provincial, por haberse agravado el estado de salud del nuevo Provincial, fray Hernando de Becerra. Tras ser nombrado un nuevo Vicario Provincial el 12 de agosto de 1626, fray Alonso se retiró al convento de Manila, en el que, junto con el ejercicio de la pastoral misionera, se dedicaba también a escribir y publicar numerosas obras; entre ellas hay que citar el Catecismo de Doctrina Cristiana en lengua bisaya, Ritual para administrar los Santos Sacramentos, Arte de la lengua bisaya y Vocabulario de la lengua bisaya. Además se conservan manuscritas las obras siguientes: Sermones cuadragesimales (en bisaya-panayano), Práctica antigua del ministerio (en castellano) y Monita necessaria ad Patres Missionarios hujus Provintiae de Bisayas (en latín). Entre todos sus escritos merece ser destacado el Ritual por la gran utilidad que tuvo en el ejercicio de la actividad misionera, no sólo entre sus hermanos de hábito sino también para los de otras instituciones religiosas. Nada menos que doce páginas dedica el P. Vela a comentar el contenido y la importancia de estas obras.

Vale la pena recordar las palabras encomiosas que dedican a este gran misionero los autores del Diccionario Biográfico Agustiniano:

«Brilló el P. Méntrida por su saber y por su trabajo, como lo acreditan sus obras, pero no fue menos meritoria su labor como misionero y apóstol en las provincias de Otón y Panay, en la isla de este último nombre, donde hizo mucho fruto en la conversión de aquellos naturales, que siempre lo tuvieron y juzgaron por un santo varón. Los montes de dicha isla de Panay saben mucho de los innumerables viajes a pie del P. Méntrida, a quien sólo acompañaba un criado, buen cristiano, que le ayudó siempre en la evangelización».

Teófilo Viñas, OSA