Nuestra Señora del Socorro

El título de Nuestra Señora del Socorro es, junto con el de Ntra. Sra. de Gracia, uno de los más antiguos entre los venerados en la Orden Agustiniana.

Acerca del origen de esta advocación, tenemos datos en la tradición de la Orden que se remontan al año 1300 y 1306. El inicio de la devoción y difusión de la misma se atribuye al beato Nicolás Bruno de Messina, prior del convento de agustinos de Palermo en la isla de Sicilia. Fiel devoto de la Virgen, acudía siempre a ella, teniendo signos evidentes de su intercesión y socorro.

En torno a la imagen de la Virgen se recoge en Sicilia una leyenda, recogida en viejas crónicas, que habla de una madre de Palermo, quien atormentada con el llanto de su hijo pequeño, en un momento de desesperación, dijo: «que te lleve el demonio». En esto aparece el diablo en figura de negro monstruo y se llevaba a la criatura. Horrorizada la afligida madre, invocó a la Virgen y exclamó: «Virgen santa, Madre mía, socórreme». María acudió en su ayuda ahuyentando al enemigo infernal con un palo, mientras acogía al niño bajo su manto. En acción de gracias la madre entró en la iglesia de los agustinos y vio que la Señora era como aquella imagen que el P. Nicolás llamaba del Socorro.

La leyenda se extendió, provocando una intensa devoción al Socorro de María y la devoción atravesó el Mediterráneo desde Sicilia y entroncó en las comunidades agustinianas del Levante español, en concreto en la Provincia del Reino de Aragón. Santo Tomás de Villanueva, que vivió en el Convento de Ntra. Sra. del Socorro de Valencia, fue un destacado propagador de esta devoción mariana.

Del Levante español pasó esta advocación, netamente agustiniana y con una precisa iconografía, al Nuevo Mundo; extendiéndose por la América hispana, gracias a la labor de los misioneros agustinos. Se mantiene con fuerza en México, en el ámbito de las dos Provincias agustinianas. El Beato mejicano Elías del Socorro Nieves (beatificado en 1997) se honraba de llevar este título de la Virgen junto a su nombre.

Texto tomado de la página web de la Orden de San Agustín