Oseguera, Juan de (+1554)

Juan de Oseguera

Juan de Oseguera

Nacimiento e ingreso en la Orden

Por el Libro de Profesiones I del convento de Toledo sabemos, entre otras cosas, que su nombre de pila era Antonio y que sus padres fueron Juan de Oseguera y María de Sotomayor, vecinos de Toledo, y que profesó con el nombre de Juan de Oseguera en el Convento de san Agustín de esta ciudad, el 12 de febrero de 1523. Al margen de su profesión se puso esta breve nota: «Fue de los que pasaron a fundar la Provincia de México, siendo predicador mayor de este convento. Hombre insigne».

Vocación y actividad misioneras

Curiosa la narrativa que hace el P. T. de Herrera de su llamada a evangelizar en aquellas tierras:

«Quando el venerable Padre Fr. Francisco de la Cruz fue al Conuento de Toledo al fin del año de 1532 para disponer la hornada de México, estaua en aquella Casa por conuentual el Padre Fr. Iuan de Oseguera, el qual contradecía aquel viaje tan pertinazmente que, como si en ello mereciera mucho o su dictamen fuera infalible, se ocupaua en disuadir la jornada. Assí como llegaron a Toledo el Padre Venerable y el Padre Fr. Augustín de Coruña, luego el Padre Oseguera empeçó a mouer la plática vivamente. Entendiólo el Padre Venerable y riéndose de su orgullo y fuerça, dixo a su compañero: Picar quiere este pez. Por sus pies viene al ançuelo. Pero quiero que le cueste su trabajo. Lo que conuiene ahora es huirle el rostro hasta que se llegue el día que Dios tiene determinado. En esto se pasaron algunos días, buscando el uno y huyendo los otros, hasta que llegada la noche de Nauidad el Padre Venerable se inclinó a oír sus pláticas. Propúsolas el Padre Oseguera con harta presumpción y fuero. La mocedad con la falta de experiencia acompañada de natural y viueza, de ordinario es presumida. Fue el sucesso tan contrario a sus discursos y tan fauorable a los contrarios que, mudado del todo, se resolvió a partirse con ellos; y fue vno de los siete primeros que, el año de 1533, pausaron a fundar la Provincia de México».

Efectivamente, el P. Oseguera fue uno de los siete primeros agustinos que, en este año, dieron comienzo a la tarea evangelizadora de la Provincia de Castilla en tierras de la Nueva España. Inicialmente a él le tocó quedarse en la capital azteca, junto con el P. Francisco de la Cruz, Superior del pequeño grupo, y fray Alonso de Borja, «para acudir a las obligaciones del púlpito, con gran satisfacción de todos», con el encargo de que examinasen lugares y posibilidades para construir un convento que fuese el centro en el que se hospedarían inicialmente los nuevos misioneros que fuesen llegando de España. Un año más tarde sería destinado a la población de Occuituco, donde, al tiempo que aprendía la lengua, comenzó a trabajar con gran fruto entre la población indígena.

Vuelta a España. Encargos

«Persona de letras y autoridad», «celebradísimo predicador y muy docto», lo llama el arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga, cuando pensó en él, para llevar «algunos apuntamientos acerca de las cosas de la Nueva España» al Concilio General que se había convocado para 1538 en la ciudad de Mantua. Con el beneplácito de sus cohermanos, zarpó rumbo a España. Pero a su llegada se enteró de que la celebración del Concilio había sido pospuesta a causa de la guerra entre Carlos V y Francisco I, además de que el duque de Mantua no daba su autorización para que el Concilio se celebrase en su ciudad. Sabido es que finalmente se decidiría convocarlo para la ciudad de Trento, en la que tuvo su apertura en 1545.

Entretanto, fray. Juan de Oseguera, pudo exponer en la Corte varios de los asuntos que traía; figuraban, entre los más importantes, los relacionados con las Órdenes religiosas —franciscanos, dominicos y agustinos— que misionaban en aquellas tierras, consiguiendo que fuesen despachados favorablemente, exitoso resultado que hizo llegar a México por el grupo de agustinos que formaban parte de la nueva misión que partía por aquellos días, al quedarse él en España, no sabemos si a petición propia, por obediencia, o acaso con la esperanza de poder participar en el Concilio que, finalmente, se celebraría en Trento.

En todo caso, los puntos doctrinales de que era portador, relativos a la administración de los sacramentos y concretamente del bautismo a los indios, los expuso al Consejo de Indias, donde se decretó que fueran tratados por una junta de teólogos. Estos informes fueron tenidos en alto aprecio por Carlos V, quien se valió de los conocimientos y experiencia misionera del fraile agustino, para informar a los doctores de la Universidad de Salamanca sobre aquellas cuestiones. Así se lo comunicaba el Emperador al P. Francisco de Vitoria en una cédula real fechada en Toledo el 31 de enero de 1539, enviándole, al mismo tiempo, los puntos que debían ser tratados y le dice, además, que había mandado al P. Oseguera «que vaya a vos solicitar, del qual os podréis informar particularmente de todo lo que quisiéredes saber acerca de ello».

Prior de Salamanca

Mientras tanto, los Superiores de la Provincia de Castilla lo destinaron a leer Teología en el Convento de san Agustín de Salamanca, figurando también entre los teólogos matriculados en la Universidad en el curso 1546-47. En 1549 el general fray Jerónimo Seripando le facultó para graduarse de Maestro en Teología. En ese mismo año era nombrado Prior del citado convento; en 1551 fue elegido primer Definidor; por lo que le correspondió presidir el capítulo de 1554 celebrado en Arenas de san Pedro. A partir de ese año no tenemos ninguna noticia más sobre él, lo que lamenta el P. Tomás de Herrera, al final de su reseña biográfica, ya que «era sujeto digno de más claras memorias».

Escritos

Digamos, finalmente, que nos dejó una obra titulada De baptismo indorum per aspersionem, manuscrito que se conservaba en la Biblioteca de la Universidad de México. Piensa el P. G. de Santiago Vela que, además, debió de dejar numerosos escritos sobre los diferentes asuntos relacionados con la actividad pastoral que necesariamente se vio obligado a tratar.

Teófilo Viñas, OSA