Santo Tomás de Villanueva (1486-1555)

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Santo Tomás de Villanueva

Santo Tomás de Villanueva

Fuenllana (Ciudad Real), 1486-Valencia, 8-IX-1555. Universitario, Agustino y Arzobispo de Valencia.

Familia y formación

Hijo primogénito de Tomás García y Lucía Martínez de Castellanos, hidalgos de Villanueva de los Infantes, partido y vicaría del Campo de Montiel, provincia de La Mancha, en la corona de Castilla, donde la familia tenía una posición económica desahogada, permitiendo a algunos de sus miembros estar vinculados con las Órdenes Militares y dedicarse al gobierno municipal; fueron cinco hermanos. Por una epidemia de peste su madre se marchó a la villa próxima de Fuenllana, de la que procedía, hasta dar a luz y que cesase el peligro y la angustia que ocasionaba ese mal; poco tiempo después regresó a Villanueva, en la que transcurrió su infancia.

De su madre aprendió las virtudes domésticas, a nombrar a la Virgen María y a llevarla en su corazón, como demostrará el resto de su vida; de su padre adquirió la misericordia para con los necesitados. La caridad como justicia, pero también como limosna y como entrega personal al necesitado, fue práctica y dedicación constante. La puerta de su casa solariega siempre estuvo abierta -aún antes de llamar- para socorrer a los necesitados; siendo muy niño volvió a casa varias veces vestido de harapos porque su ropa la había entregado a los pobres; otro día, estando sólo en casa, ante la petición angustiosa de unos necesitados, y no teniendo nada que ofrecerles, fue entregando, uno a uno, los pollos que había en el corral.

Recibió las primeras letras en su pueblo en el recién fundado convento de San Francisco, donde su madre -y posteriormente él mismo siendo arzobispo- creó una obra pía y allí se erigió el panteón familiar; también debió realizar allí los estudios iniciales de latinidad y principios de lógica, hasta que con 15 ó 16 años se trasladó a Alcalá (1501 ó 1502) donde cursó el ciclo de humanidades. En la recién fundada Universidad cisneriana estudió Artes, graduándose de Bachiller en 1508, pocas semanas antes de que se inaugurase el Colegio Mayor de San Ildefonso (1508), en el que pocos días después ingresa para completar su formación curricular: Maestro, en 1509, y Catedrático, en 1512.

Agustino

Refieren muchos testigos y biógrafos que la Universidad de Salamanca le ofreció una cátedra pero, descubriendo que Dios le quería en otros claustros, el 21-XI-1516 tomó el hábito en el convento de San Agustín de la ciudad del Tormes, día de Ntra. Sra. de la Presentación, profesando el día 25-XI-1517, pocos días después de que su hermano Fray Martín Lutero clavara las 95 tesis en la puerta de la capilla de la Universidad de Wittenberg, comenzando una curiosa existencia en paralelo estos dos agustinos, súbditos del César Carlos.

En diciembre de 1518 es ordenado sacerdote, celebrando su primera misa el día de Navidad (Ntra. Sra. del Parto); a partir del año siguiente comenzará su vida pública de servicio a la Iglesia y a la Orden de San Agustín, ostentando los cargos de prior de Salamanca (1519 y 1523), visitador provincial (1525), prior de Burgos (1531), primer superior Provincial de la provincia de Andalucía (1526), y posteriormente de Castilla (1534), revisor nacional de bibliotecas conventuales (1536); parece ser que renunció al arzobispado de Granada y, en virtud de santa obediencia, acepta el de Valencia, el 5-VII-1544 (Ntra. Sra. de las Nieves).

Como religioso destacó por la humildad y la obediencia con las que aceptó las misiones y trabajos que le encargaban los superiores; posteriormente fue ejemplar por su actitud de servicio con la que ejerció la autoridad, recordando el mandato de la Regla de San Agustín de vivir “no como siervos bajo la ley, sino como seres libres dirigidos por la gracia” (cap. VIII, 48). Es conocido por su amor a la Virgen, como demuestran sus escritos, y por la piedad de sus predicaciones; fueron famosos los sermones predicados en la catedral de Salamanca en la cuaresma de 1521. Cuando se autoriza a los agustinos a fundar el convento de Madrid -San Felipe el Real, 1544- es con la condición de que Fray Tomás de Villanueva resida en él o venga a predicar todas las cuaresmas; el propio emperador y la emperatriz acudían en Valladolid a escucharle, aceptando que el santo no les recibiese porque antes era prepararse para exponer con dignidad y con unción la palabra de Dios. Como superior provincial se ocupó porque los religiosos viviesen el precepto máximo de la Regla agustiniana: “Y lo primero para lo que os habéis reunido en comunidad es para vivir unánimes teniendo una sola alma y un sólo corazón en Dios” (cap. I, 3); fomentó con especial interés el espíritu misionero, propiciando el envío de religiosos a los territorios americanos para difundir la luz del Evangelio.

Arzobispo de Valencia

La diócesis de Valencia para la que fue nombrado pastor en 1544 era una sede amplia, compleja y con problemas estructurales: tenía una enorme población morisca, mal integrada, peor convertida y en muchos casos explotada por miembros de la nobleza como trabajadores agrícolas; la reiterada ausencia de los anteriores prelados, había ocasionado un vacío de autoridad, dejando a la comunidad cristiana sin pastor que la guiase, sin padre que la guardase, sin voz que les animase, sin luz que les iluminase; el relajado ambiente moral del clero era un fenómeno habitual y extendido; la falta de un centro donde los jóvenes aspirantes al sacerdocio se formasen humana, cultural y espiritualmente, hacía que los niveles de estos futuros ministros no alcanzasen la cota mínima que cabía esperar para que pudiesen cumplir con dignidad la misión a ellos confiada…

Con humildad, oración y penitencia, cambiará el rostro de aquella comunidad a él encomendada; calladamente, con constancia y dedicación, irá rigiendo, enseñando y santificando. Gritará en sus sermones por la convocatoria de un concilio que reforme a la Iglesia universal, en la cabeza y en los miembros, y verá con gozo la convocatoria de Trento; también anticipándose a la creación de los Seminarios conciliares fundaría el Colegio de la Presentación (1550), donde se recogía el espíritu universitario alcalaíno que había vivido en su juventud añadiéndole el ideal de vida evangélica que debe animar a todo apóstol de Cristo. Para tener un conocimiento real de la archidiócesis valenciana, nada más llegar realizó una minuciosa visita pastoral (1545), y acto seguido convocó un Sínodo provincial (1548), para poner a la Iglesia de Valencia en sintonía con el espíritu de Dios, que llena el corazón de los hombres, insistiendo en la práctica sacramental, que vigoriza a los miembros de la comunidad cristiana, y reafirmando la disciplina eclesiástica que ordena y da cohesión a la diversidad de miembros de la Iglesia militante.

En momentos donde se quería controlar a la jerarquía eclesiástica por la fuerza moral que tenía ante el pueblo defendió la inmunidad de la Iglesia frente a las intromisión del poder civil al que se tuvo que enfrentar en situaciones delicadas; especialmente grave fue el choque con el Gobernador y sus colaboradores, en 1548-1549, al que excomulgó y puso la “cessatio a divinis” en todas las iglesias de Valencia. Con igual justicia corrigió -y castigó- a los clérigos, buscando el arrepentimiento espontáneo que sanaba más eficazmente el miembro enfermo.

Amor a los pobres

Mantuvo una especial predilección por los pobres, las huérfanas y los niños abandonados, especialmente estos últimos, que por su desvalimiento no podían sobrevivir y ser criados con dignidad, llegando a tener habitualmente más de medio centenar, que alimentaba, vestía y educaba; los primeros de mes visitaba las dependencias donde se criaban y a las amas que los cuidaban, interesándose por su desarrollo y salud.

Se consideró administrador de los bienes de ellos, a los que, por justicia, debían volver; esta actitud le llevó a vigilar con especial cuidado los gastos del arzobispado, pensando que todo los que no fuese estrictamente necesario era un robo que se hacía a los pobres. Daba sin humillar, corregía sin ofender, enseñaba sin herir. Anualmente entregaba en limosnas casi las tres cuartas partes de las rentas del arzobispado. La austeridad de costumbres, en su persona y en el palacio arzobispal, la sencillez del vestido, la frugalidad de la mesa, la humildad del ajuar, lo reducido del servicio, la piedad de vida, la mansedumbre en el trato… Son muchas las noticias que nos han llegado de su sobriedad de vida y del ejemplo que daba a los que le conocieron y trataron. Procuró ayudar económicamente a los padres de familia en paro para que ejerciesen el oficio que conocían, estimulándose en salir adelante con su trabajo y no se acostumbrasen a vivir con la limosna que recibiesen. Con su limosnero y dos criados solía salir semanalmente para ver y atender a los enfermos necesitados de las parroquias, pagando un boticario, un cirujano y dos médicos; también entregaba personalmente limosna a los pobres una vez a la semana; las puertas del palacio se abrían todos los días para dar un plato de comida caliente a los necesitados, y una moneda, llegando algunas veces a ser más de cuatrocientos.

Predicador

Oraba y estudiaba; sus sermones han quedado como ejemplo de buena catequesis -por la concisión en el mensaje, la sencillez en la exposición, y la unción religiosa del contenido-, basados en la Sagrada Escritura y en los Santos Padres, especialmente San Agustín, del que siempre se esforzó por ser reflejo de su luz, eco de su voz, discípulo de su pensamiento y heredero de sus ideales. Posteriormente serán también elogiados como piezas de calidad literaria. De intensa vida espiritual y profundo amor mariano, la Virgen María marcó los momentos principales de su vida, y a ella están dedicadas el mayor número de sus “Conciones”.

Muerte y canonización

El Cristo de su oratorio fue el amigo íntimo al que confiaba el gobierno de la diócesis y del que sacaba ejemplo y fuerzas para cumplir con su misión; esa imagen será la que le anuncie la inminente muerte para el día de la Natividad de María. Se apresuró a ponerse a bien con los pobres, que era la forma de poder justificarse ante Dios de una correcta administración de los bienes; dejó pagado el sustento de un año y el salario de las amas de cría de los niños abandonados; ordenó al tesorero y al limosnero del arzobispado que entregasen urgentemente a los pobres todo el numerario que hubiese en las arcas del arzobispado, ya que deseaba morir sin poseer nada; después fue repartiendo las pertenencias de su casa y, en un último gesto de desprendimiento, entregó la cama en la que estaba a un criado, pidiéndosela prestada para morir, como ocurrió el día 8 de septiembre de 1555. Fue beatificado por Pablo V, el 7-X-1618, y canonizado por Alejandro VII, el 1-XI-1658, organizándose en muchas ciudades de España e Hispanoamérica importantes celebraciones conmemorativas según el modelo de fiesta barroca.

La figura de Fray Tomás de Villanueva pronto se popularizó y fue aclamado como “Padre de los Pobres”; así lo fijó la iconografía basándose en la imagen que se mostró en Roma en el tapiz de la basílica de San Pedro el día de su canonización: vestido de agustino y con los atributos pontificales de su oficio -capa pluvial, palio, báculo y mitra-, con una bolsa en la mano y entregando unas monedas a los pobres. De esta forma lo encontramos en la serie de lienzos que Murillo pinta para el convento de agustinos y de capuchinos de Sevilla, hoy repartidos por los museos de Sevilla, Munich, Cincinnati, Estrasburgo, Los Ángeles, Londres y Florida. Los grandes maestros del Barroco difundirán esa imagen de Santo Tomás por importantes ciudades del mundo; existen lienzos de Carreño, Cerezo, Juan de Juanes, Maella, Fancelli, Coello, Zurbarán, Ribalta, y lo mismo harán los escultores y grabadores.

La devoción a Santo Tomás de Villanueva arraigó pronto en muchas partes del mundo y bajo su advocación se han puesto muy diversas instituciones: la Congregación de Religiosas de Santo Tomás de Villanueva, de Mons. Le Proust (Francia), cofradías y hermandades de caridad, la parroquia de Castelgandolfo (Italia), el Hospital General de Panamá, la Universidad de La Habana (Cuba), St. Thomas University (Miami, Florida), Villanova University (Pensilvania), alguna de ellas regentada por comunidades de agustinos, quienes proclamaron a Santo Tomás como patrón de los estudios de la Orden, proponiéndolo como modelo: por el estudio se llega a Dios y una vez que se posee a Dios hay que tornar a la sociedad para mostrarlo, en el lugar donde se viva. Y este camino se enriquece y afianza con la oración, la sobriedad de vida y la austeridad de costumbres.

Mensaje para hoy

Hay en la época de Santo Tomás unas situaciones cuyas raíces no son tan ajenas a nosotros, ni sus motivaciones están tan distantes de nuestros problemas, aunque las formas, el espacio y las soluciones sean diferentes.

Sin embargo, cuando nos encontramos con el problema de la pobreza y la solidaridad como respuesta de justicia al desigual reparto de los bienes; cuando experimentamos que la oración es el camino directo para la contemplación de Dios; cuando vemos la preocupación que tuvo por la formación humana, intelectual y moral de los sacerdotes, como vía segura para mejorar su imagen y su misión pastoral; cuando escoge la predicación y la catequesis como formas de evangelizar al pueblo; cuando descubrimos que el servicio a la Iglesia diocesana fue su primera tarea y ocupación de obispo; cuando leemos en sus obras que la vocación a la santidad es una invitación que hace Dios a todos los bautizados; cuando aceptamos que la Iglesia necesita renovarse porque su misión es preparar los caminos del Señor y acercar a las gentes al Dios que salva y libera… Y todo ello, hecho por amor y desde el amor.

Cuando comprobamos esto, y lo vemos vivido por Santo Tomás de Villanueva, en la primera mitad del siglo XVI, comprendemos por qué su figura y su mensaje son actuales.

Javier Campos, OSA

Obras completas

  1. Opera omnia, ed. Laurentii a S. Bárbara. Cura, studio, sumptibusque PP. Augustiniianorum Provinciae Ssmi. Nominis Jesu, Insularum Philippinarum. Curante PP. Benito Ubierta, Juan Martín, Ignacio Mo¬nasterio, etc., Imp. Amigos del País, Manila 1881-1897, 6 vols
  2. Opera Omnia. Edición crítica preparada por Laureano MANRIQUE, OSA con traducción al español de Isidro ALVAREZ, OSA. Próxima aparición.

Conciones: principales ediciones:

  1. Conciones sacrae. Edición de Pedro Uceda Guerrero. Ioannes á Lequerica excudebat. Compluti 1572, 2 vols. Edición príncipe.
  2. Ed. de Antonio de Witte. Bruxellis 1685-1703, 4 vols. Ed. de Laurentius de Santa Bárbara. Typ. Bibliothecae Ambrosianae apud Josephum Marellum. Mediolani 1760, 2 vols.
  3. Ed. de Manuel Vidal. Excudebat Eugenius García de Honorato. Salmanticae 1761-1764, 5 vols.
  4. Ed. de Laurentius de Santa Bárbara. Mediolani 1850, 2 vols.

Opúsculos

  1. Regla breve de vida cristiana. Lisboa 1556; obra incluida en LUIS DE GRANADA, Guía de Pecadores. Lisboa 1556; en La Ciudad de Dios 48(1899)172-175; en Obras de Fray Luis de Granada. Madrid 1906, vol. X, pp. 1553-1566; en Obras Completas. II. Guía de pecadores (texto pri¬mitivo), de fray Luis de Granada. Edición de Herminio de Paz Castaño. Ed. Fundación Universitaria Española. Madrid 1994, pp. 170-172.
  2. Explicación de las Bienaventuranzas y su correspondencia, ya con los dones del Espíritu Santo, ya con la oración del Padre Nuestro. Joachin Ibarra. Madrid 1763; en Obras de Santo Tomás de Villanueva. Sermones de la Vir¬gen y obras castellanas, Introducción, biografía, versión y notas de San¬tos SANTAMARTA. (Biblioteca de Autores Cristianos 96). Editorial Católica. Madrid 1952, pp. 527-540. (= SANTAMARTA BAC)
  3. Modo breve de servir a Nuestro Señor en diez reglas. Madrid 1763, en SANTAMARTA, BAC. pp. 507-513
  4. Oraciones o soliloquios que entre Dios y el alma conviene hacerse después de la sagrada comunión, en SANTAMARTA, BAC, pp. 541-555.
  5. Tratado del Amor de Dios, edición de José Tomás Meliá, en Colección de Sermones Españoles sobre todo género de materias, Madrid 1797, vol. I, pp. 26-89; en MARTÍNEZ DE BUJANDA, Jesús, «Tratado del Amor de Dios de Santo Tomás de Villa-nueva. Estudio histórico-doctrinal y edición del texto»: La Ciudad de Dios 183(1970)52-89;
  6. Opúsculo inédito latino: La Ciudad de Dios 10(1885)327-333.
  7. Opúsculos castellanos. Ed. de Francisco Méndez. Imp. de Luis N. de Gaviria. Valladolid 1885; impreso previamente en Revista Agustiniana 8(1884)397-406, 498-507, 9(1885)12-23, 113-123.
  8. De la lección, meditación, oración, contemplación, en SANTAMARTA, BAC, pp. 514-526
  9. Plática y aviso al religioso que toma hábito, en Obras, SANTAMARTA, BAC, pp. 562-575; en La Ciudad de Dios 26(1891) 274-282, 334-335.
  10. Tratado inédito sobre la Eucaristía de Santo Tomás de Villanueva, in-troducción, trascripción y notas por Gonzalo Díaz: La Ciudad de Dios 217(2004)5-104: 11-104; en Ediciones Escurialenses. San Lorenzo de El Escorial 2004, 104 pp.

Sermones sueltos

Casi todos ellos se pueden encontrar en SANTAMARTA, BAC.

Cartas

Publicadas por CAMPOS Y FERNANDEZ DE SEVILLA, Javier (ed.), Cartas y testamento de Santo Tomás de Villanueva. Ed. Revista Agustiniana, Guadarrama 2006, 208 pp.

Otros escritos

  1. Licencia de ampliación y anexión del Monasterio de San Juan de Aguilar de Belvis en Audanzas (León) al de Nuestra Señora de Gracia de Medina del Campo (Valladolid). 20 de octubre de 1534: Archivo Agustiniano 81(1997)133.
  2. Convocatio ad Synodum, Valencia, 12 de mayo de 1548, en VILLANUEVA, Joaquín Lorenzo, Viage literario a las Iglesias de España. Imp. Real. Madrid 1802s., vol. IV, pp. 310-611.
  3. Ordinationes pro choro ecclesiarium dioecesis Valent.. Anno domini 1548. Die 14 lunii, en Synodus Dioeccesana Valenciae celebrata praeside Martino Ayala, Archiepiscopo Valentino. Valentiae 1594.
  4. Sínodo celebrado en Valencia durante los días 12-15 de junio, bajo el Señor D. Fray Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia. Valencia 1548; en ESCOLANO, Gaspar, Omnium decretorum quae in Valentis Synodis statuta sunt a tempore D. D. Thomae a Villanova, Archiepiscopi Valentini, usque ad obium D. Joannis a Ribera. Valencia 1616.
  5. Constituitiones Collegii Maioris Valentini B. V Mariae de Templo, en LUDO, Vicente, El Colegio Mayor de Don To¬más de Villanueva. Valencia 1944, 207-223.
  6. Testamento otorgado por Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Va¬lencia, el día 3 de septiembre de 1555, en CAMPOS Y FERNANDEZ DE SEVILLA, JAVIER (ed.), Cartas y testamento de Santo Tomás de Villanueva. Ed. Revista Agustiniana, Guadarrama 2006, 208 pp.

“Nombrado obispo, predicaba más alta y ardientemente y se excedía a sí mismo, y con tanto afecto y celo, que parece relampagueaba en el púlpito”.

Testimonio de Juan Segrián,
obispo auxiliar de Valencia

“Después de más de cuatro siglos, se presenta por primera vez, en edición crítica y bilingüe, la obra literaria de Santo Tomás de Villanueva (1482-1555), religioso agustino y arzobispo de Valencia, realizada por un grupo de investigadores agustinos de España”.

Contraportada de la edición de la BAC, 2011

La última edición de la obra de santo Tomás se hizo en Manila, en seis volúmenes (1881-1897). La primera vio la luz en Alcalá (1572), 2ts., que se repite íntegra y sin variantes significativas en las reediciones de Compluti (Alcalá), 1581; Salmanticae (Salamanca), 1581; Colonia Agrippina (Colonia), 1587, 1614, 1616, 1619, 1648, 1651, 1685-1687; Antuerpia (Amberes), 1600, 1690; Brixia (Brescia), 1603,1608,1609; Roma, 1659; Venetiis (Venecia), 1740, 1790; Augustae Vindelicorum (Ausburgo), 1757.

Entre 1651-1703, el P. Antonino de Witte publica en Bruselas una nueva edición, corregida y aumentada, sirviéndose de numerosos manuscritos hallados en España (se pasa de las 94 conciones que comprende la edición primera del P. Uceda y las demás citadas anteriormente (1572) a 187. La edición de Milán, 2ts. (1760) alcanza ya 204, y la más completa aún del P. Manuel Vidal, 5ts. (1761-1764) (Salamanca), llega a ofrecer 366. Manila recoge todo este material y añade en un vol. VI algunas más, pudiéndose leer 438 conciones.

En nuestra edición de 2011 (BAC), se alcanza la cifra de 454 conciones, dieciséis más inéditas.

Ediciones

De todas estas ediciones, las más valiosas, además de las manuscritas que hemos utilizado (ms. de la catedral de Salamanca (el más importante); ms. de la Universidad Complutense; ms. de la Biblioteca Apostólica Vaticana (códice Ottoboniano latino 1007); ms. 4451 de la Biblioteca Nacional, y algunas otras de menor relieve), son, la primera, la del P. Uceda, la de Bruxelas, la de Milán y la del P. Vidal (Salamanca). Manila nos ha servido como de soporte básico para el cotejo con todo este material y para la fijación del texto que aparece ahora.

Para la elección de variantes y fijación del texto (edición de la BAC) hemos seguido los siguientes criterios:

  • Prioridad de la “lección” de los manuscritos a cualquiera de las obras editadas.
  • Entre las obras editadas, prioridad de las ediciones que han manejado manuscritos (P. Witte y P. Vidal).
  • Importancia –pero no exclusiva– de la primera edición del P. Uceda, 2 tms. (1572).

Texto

No se conserva (o no se ha encontrado) ningún original escrito de puño y letra por el mismo Santo. Santo Tomás nunca –aunque en un sermón parece contradecirse– tuvo intención de publicar sus sermones. Después de las muchas insistencias del P. Juan de Muñatones, accedió a dejar en sus manos todos (¿o parte?) de sus escritos. Estos textos, la mayoría sino todos, estaban en castellano, pues en castellano se predicaba, y solo cuando se pensaba en su publicación, se trasladaban al latín, lengua oficial de la Iglesia y normalmente respetada por la censura de la Inquisición.

Por tanto, el latín que hoy leemos, con bastante seguridad, podemos afirmar que fueron otros, los que iniciaron o siguieron publicando las Conciones, quienes hicieron este trabajo. Así el manuscrito que tantos años estuvo encerrado, juntamente con alguna reliquia del Santo, en la urna que estaba expuesta en la catedral de Salamanca, es una copia realizada por distintos amanuenses (falta el vol. 3º, que conocemos gracias a la edición del P. Vidal). Posiblemente, se hace esta traducción al latín en nuestro convento de San Felipe el Real de Madrid, donde hubo un intento serio de publicarlas. El hecho contrastable es que, en general, el texto latino está muy por debajo de la elegancia, por ejemplo, de los textos publicados por San Alonso de Orozco.

Tenemos, pues, copias. Y copias de copias. Lo mismo habría que decir de los textos en castellano. No son manuscritos del santo, sino copias de originales del Santo, que no sabemos dónde podrán encontrarse.

Obra

La obra de Santo Tomás es, fundamentalmente, del género homilético. Escribe también –en latín– algunos comentarios a fragmentos de diversos libros de la Sagrada Escritura (Números, Salmos, Job, Isaías y dos más amplios al Cantar de los Cantares y Apocalipsis).

En castellano recogemos siete tratados (cortos) ascético-místicos (Modo breve de servir a nuestro Señor en diez reglas; De la lección, meditación, oración y contemplación; Explicación de las bienaventuranzas: Soliloquio para después de la comunión; Proemio sobre unos sermones del Santísimo Sacramento; Plática y aviso al religioso que toma hábito; Regla de vida cristiana), el Tratado de la Eucaristía (3.337 líneas), su epistolario, así como las actas de Sínodo de Valencia de 1548 y las Constituciones del Colegio de la Presentación.

Nueva edición

Ya en la revista “La Ciudad de Dios”, septiembre-diciembre 2005 (vol. 218,3, 641-674) apareció un artículo firmado por servidor, cuyo título era: Necesidad de una edición crítica de las Conciones de Santo Tomás de Villanueva. Una conción de este y un sermón de San Alonso de Orozco.

En este artículo se insinúa ya esta necesidad por las variantes que encontramos en un sermón de la edición de Manila respecto a otras ediciones y manuscritos. Donde Manila leía “corporum”, las restantes y el mismo San Alonso de Orozco leyeron “porcorum”: Haec aqua quam sitis, [corporum, M] porcorum, non spirituum potus est (cf. conc. 118, 2, líneas 48-49).

Aquí y por esta “variante” empecé a decidirme a trabajar en una edición crítica y bilingüe de toda la obra de Santo Tomás. Crítica, por lo que he dicho; bilingüe, porque, excepto las conciones de la Virgen, seguían después de más de cuatro siglos en latín, muy aptas para su lectura en las fiestas más solemnes en el refectorio de una comunidad de frailes, pero totalmente ignorada por las religiosas agustinas que “adoraban” a santo Tomás o por los hermanos que no han estudiado ya latín a fondo.

El proyecto era demasiado serio y dificultoso para una sola persona. Por eso, pedí ayuda a mis hermanos agustinos: el P. Isidro Álvarez se comprometió, (a sus casi 80 años) con la traducción de todos los textos, traducción que, según los entendidos, es hasta elegante, bastante literal pero muy clara e inteligible, sin duda la mejor hecha hasta el momento. El aparato crítico ha estado a cargo del P. José Manuel Guirau Cabas, cuya actividad intelectual se ha desarrollado fundamentalmente en Roma, en el Instituto Patrístico.

Para encuadrar toda la obra literaria del Santo, el P. Javier Campos nos ha regalado un resumido y compendioso “Boceto biográfico” de Santo Tomás.

Sin estas aportaciones, habría sido imposible llevar a buen término esta magna obra. El primer volumen que la BAC ha publicado ya es una muestra de lo que será la obra completa: diez tomos en doce volúmenes.

Se ha trabajado, pues, durante cinco años, con eficacia, seriedad y mucha ilusión. No será, posiblemente, una obra perfecta, pero –pienso sinceramente– que es un trabajo serio y ponderado, que marcará un hito en el conocimiento y estudio del pensamiento de santo Tomás.

En el aparato crítico se advertirá, a veces, que la autoridad citada por el Santo no ha sido posible encontrarla. No es de extrañar, ya que el Santo cita muchas veces no literalmente, sino asumiendo vivencialmente la idea que quiere exponer.

Una novedad a destacar, respecto a las anteriores ediciones, es la numeración que hemos hecho: numerar cada conción con un número, del 1 al 454. Para los estudiosos del santo es una clara y notoria ventaja: no es lo mismo citar conción 33, que Conción II in Dominicam II post Epiphaniam.

San Agustín

Evidentemente san Agustín está presente y vivo en el pensamiento de Santo Tomás. En cada tomo (o volumen) se incluye un índice de autoridades. San Agustín, el primero, y san Bernardo, el segundo, son fuentes de inspiración y comentario de muchos de sus sermones.

Por formación y por talante, por prudencia y recta administración de los bienes de Dios y de la Iglesia, como religioso, como responsable de la comunidad y de la Provincia y, sobre todo, como arzobispo de Valencia, santo Tomás es un hijo predilecto de Agustín y de la mejor tradición agustiniana.

No es este lugar ni momento para trazar las vidas paralelas de Agustín y Tomás, pues son innumerables las coincidencias: su amor a Dios, su misericordia con los más pobres, su tacto para corregir desviaciones doctrinales y personales, su entrega en cuerpo y alma a la Iglesia y a la aplicación de las nuevas directrices de Trento, adelantándose en ocasiones a lo que el Concilio decidiría más tarde. Hasta en la salud, ambos son hermanos en el dolor y en la cruz de sus limitaciones corporales.

Muestras “tangibles” de ser los dos “un solo corazón y una sola alma encaminada a Dios”, podría ser tanto la celebración del Sínodo de 1548, como la fundación del primer seminario en el Colegio de la Presentación, así como los problemas con la catequesis de los moriscos o la defensa de los derechos de la Iglesia frente al poder civil.

Actualidad

Después de más de cinco siglos, ¿tiene algo novedoso que decir Santo Tomás de Villanueva? Remito a lo que he escrito en el prólogo a la Antología de textos que publica la Fubdación Universitaria Española:

“Aquí encontrarás ideas para “saborearlas”, para entablar “un diálogo en el silencio del corazón”. Son intuiciones del Santo para que, como decía san Alonso de Orozco, “no hables tú solo, sin dejar que Dios te hable”. Son “pistas luminosas” que abren senderos para el desvelamiento de la vida divina y de la condición humana. Son “advertencias” sensatas, que afianzan o reorientan conductas virtuosas y/o enviciadas del hombre de todos los tiempos. Son asi mismo la radiografía de un tiempo “recio”, en el que la sociedad civil y religiosa necesitaba con urgencia una reforma “en su cabeza y en sus miembros”.

Si lo que hoy leemos era lo que Fr. Tomás predicaba ante el emperador Carlos V o el rey Felipe II, o la sociedad de la primera mitad del s. XVI, no es de extrañar la profunda formación religiosa de los hombres más perspicaces y atentos de la época. Y así adivinamos cómo, en la explanada de la iglesia agustiniana de San Felipe el Real de Madrid, se comentaba y discutía, en corrillos intelectuales, el sermón del día, con el mismo calor con que hoy se discute de política, de deportes o de escándalos financieros”.

“Santo Tomás de Villanueva sigue teniendo, sin duda, una palabra nueva y una ejemplar actitud para esta nuestra desconcertada y envejecida Europa del s. XXI”.

Contraportada del vol. I, BAC 2011

Laureano Manrique, OSA

Biografías

BOYANO, MARIANO, OSA

Santo Tomás de Villanueva, arzobispo y padre de los pobres ( Cuadernos de espiritualidad Agustiniana, 50),FAE, Madrid, 2004, 20 pp.

CAMPOS Y FERNANDEZ DE SEVILLA , J., OSA

Santo Tomás de Villanueva. Universitario, Agustino y Arzobispo en la España del siglo XVI. Ediciones Escurialense. San Lorenzo de E Escorial 2001, 444 pp.

JOBIT, Pierre

El obispo de los pobres: santo Tomás de Villanueva(1486-1555)
Imp. Senén García, Avila 1965, 278 pp.

LLIN CHÁFER, Arturo

Santo Tomás de Villanueva. Una vida al servicio de la iglesia
(col. Hagiografía 5), Ed. Revista Agustiniana, Madrid 1998,117 pp.

MUÑATONES, J. de, OSA

«De vita et rebus gestis ab ill. Thoma a Villanova», en Conciones Sacrae. Edición de Pedro Uceda. Alcalá 1572 (trad. esp. en HERRERA H., Historia del Convento de san Agustín, Madrid 1652, pp.. 312-316.

QUEVEDO Y VILLEGAS, Francisco de

Epítome a la historia de la vida exemplar y gloriosa muerte del bienaventurado F. Tomás de Villanueva, religioso de la Orden de San Agustín y Arçobispo
Imp. Viuda de Cosme Delgado, Madrid 1620

SALÓN, M., OSA

Libro de los grandes y singularísimos exemplos que dexó de sanctidad y virtud y particularmente en la piedad y misericordia con los pobres, el ilustrísimo y Reverendísimo Señor Don F. Thomás de Villanueva
Pedro Patricio Mey
Valencia 1588

Estudios

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Para ampliar la bibliografía

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«Santo Tomás de Villanueva: Bibliografía», en GONZALEZ MARCOS, I. (Ed.), Santo Tomás de Villanueva. 450 Aniversario de su Muerte. VIII. Jornadas Agustinianas. Centro Teológico San Agustín, Madrid 2005, pp. 395-468.
www.augustiniana.net/es/index.htm

“Vera effigies”, el verdadero rostro de santo Tomás de Villanueva

Durante la vida del Santo no hay constancia de que se hiciera retrato alguno. Su rostro nos es conocido por el apunte o mascarilla que Juan de Juanes, por encargo del deán Francisco Roca, tomó del Santo en el momento de su muerte. Del apunte de Juan de Juanes y de la descripción del P. Salón, su primer biógrafo, saldrán innumerables cuadros, esculturas y grabados, que, con mayor o menor fidelidad, lograrán darnos la verdadera figura de Tomás.

Atributos

El primer atributo que acompaña al Santo, aunque no siempre lo tengan en cuenta los artistas, es el corazón. Además de este, los atributos principales del santo son: el corazón, la bolsa o monedas, el hábito de agustino, las vestimentas de arzobispo y el libro. Claro es que no siempre estos atributos aparecen juntos y todos ellos. La mayoría de las imágenes representan al Santo dando limosna, vestido de agustino, con atuendos de arzobispo, de pie y algo inclinado hacia delante.

Ciclos tomasinos

Son muy pocos los ciclos dedicados a la vida de santo Tomás de Villanueva que perduren hoy día y estén completos. Destacan los de Murillo, Juan Antonio Conchillos (+1711), Claudio Coello ( + 1693), el de Bimbacci, Meucci y Ulivelli para el convento agustino de Santo Spirito de Florencia, el de G. Salerno para la Iglesia de San Agustín de Palermo, el de Caffá ( +1667), Ferrata ( 1669) y Begondi (+ h. 1760) para la iglesia de San Agustín de Roma, el de Niño de Guevara (+1686) para la Iglesia de San Agustín de Antequera, el de la Iglesia del Socorro ( Palma de Mallorca), de autor anónimo, y el del Colegio San Agustín de Valencia, representado en vidrieras. Veremos algunas imágenes de algunos de ellos.

Temas iconográficos tomasinos

Tratan de plasmar distintos episodios de la vida de Santo Tomás. Entre el ochenta y el noventa por ciento de la iconografía tomasina refleja el momento en que Tomás se acerca al pueblo para socorrer a los más necesitados. Pero se han detectado hasta cincuenta y cinco temas distintos, y el recuento no es exhaustivo. Iremos viendo algunos de ellos