Toledo y Vargas, Alfonso de (+1366)

Nacimiento y formación

Nació este ilustre personaje en la ciudad de Toledo, en 1307, de padres pertenecientes a la alta nobleza. Vistió el hábito agustiniano en el Convento de san Agustín de su ciudad natal y en él profesó, si bien ignoramos la fecha, por no conservarse los Libros de Profesión de ese tiempo. Desde el primer momento mostró una gran capacidad para el estudio, por lo que los Superiores lo enviaron a estudiar a la Universidad de París, en la que, obtenidos los correspondientes títulos académicos, consiguió cátedra tanto en Filosofía como en Teología, leyendo ambas materias durante diez años; en 1345 explicó el Libro I de las Sentencias. En los años 1348-50 debió de estar residiendo en Montpellier, ya que allí, por comisión pontificia, tuvo que conferir el Magisterio al P. Clemente Vitrario de la Provincia de Francia y al P. Bernardo Manso, de la de Aragón.

Tareas de gobierno y nombramientos episcopales

Su fama, como religioso de vida ejemplar, y sus grandes conocimientos le valieron ser elegido confesor del Rey don Pedro I; sin embargo, su rectitud de conciencia, que no podía soportar los excesos del monarca, le llevó a renunciar a aquella elección, retirándose, acto seguido, a Italia, donde el Cardenal Gil de Albornoz lo invitó a colaborar con él en las diversas tareas del gobierno de los Estados de la Iglesia en ausencia del Papa Inocencio VI que, por aquellos días, residía en Avignon. Ello le llevó a participar intensamente, junto con el citado Cardenal, en las campañas de pacificación y sometimiento de algunas ciudades levantiscas, como Rimini, Macerata, Cesena, San Angelo, Savignano y Faenza.

A este propósito, comenta Nicolás Antonio que, en fray Alfonso de Toledo, uno no sabe cómo se pueden armonizar y conjugar sus extraordinarios conocimientos, su enseñanza de la teología y su ejemplaridad religiosa en la Orden Agustiniana, con todas aquellas sus actividades bélicas, aunque tuviesen, como finalidad, la consecución de la paz.

Acto seguido, como agradecimiento por parte del Cardenal Albornoz, fue nombrado obispo, primero de Badajoz y después de Osma, si bien, aunque ordenado, él continuaría en Italia sin tomar posesión de ninguna de las sedes. En su ánimo debieron de influir, para permanecer allí, los graves disturbios existentes entre el Rey don Pedro de Castilla y su homónimo el de Aragón. Finalmente su regreso a España se dio en 1361, al tiempo que vacaba el arzobispado de Sevilla; el Cardenal Gil de Albornoz se apresuró a proponer al Papa el nombramiento de fray Alonso para esta sede, de la que, en efecto, tomaría posesión el 13 de octubre de 1362.

Virtudes pastorales y personales

«En Sevilla —dice A. Morgado— se manifestó digno de su fama, socorriendo a los necesitados y conventos pobres, señaladamente al de su Orden, declarándose singular protector suyo por haberlo favorecido con una cuantiosa suma para la ampliación de sus claustros y oficinas». Por su parte, todos los cronistas de la Orden de san Agustín lo consideran como «varón sabio y santo, Prelado a todas luces grande». He aquí el magnífico retrato que hace de él san Alonso de Orozco:

«El padre fray Alonso de Toledo, natural de aquella misma ciudad, fue, en París, catedrático, y de gran sabiduría y viveza de ingenio, que, en su tiempo, no había otro en París, que más fama tuviese. Y como sus virtudes y religión fuese tan acabada, púsole el Señor por pastor de su iglesia, y no de cualquiera sino de la famosa ciudad de Sevilla. Con cuánta prudencia y celo, y con qué solicitud gobernó su arzobispado no se podría decir. Entendía, como sabio y siervo de Dios, el gran caudal y precio que el Señor del mundo por las almas dio, y, por tanto, las guardaba y defendía del león, Satanás, predicando y amonestándoles el cumplimiento del santo evangelio, y de los mandamientos de Dios. Su caridad con todos era notable; mayormente con los pobres era padre, consolándolos como a hijos. Escribió este doctor un libro de cuestiones del ánima y comentó sutilmente el primero libro del Maestro de las Sentencias, el cual es muy estimado en todas las universidades. Otras obras escribió, aunque no salieron impresas».

A todo ello hay que añadir el celo apostólico con que se empeñó en la conversión de los musulmanes y moriscos, muy numerosos por aquellos días en su diócesis. Este su trabajo misionero se vio coronado de notables éxitos, ya que fueron muchos los que, convencidos tanto por su predicación como por la ejemplaridad de su vida, se hicieron bautizar.

Muerte

Y después de haber gobernado aquella diócesis durante poco más de cuatro años, falleció a los 59 y algunos meses de edad el día 27 de diciembre de 1366, siendo sepultado en la Capilla de Santiago el Mayor de la cátedra hispalense. En ella se le erigió un elegante mausoleo de alabastro, sobre el que se puso su estatua yacente; al parecer, fue destruido hacia el año 1837, cuando aún continuaba la acción iconoclasta y exploradora de la Desamortización. Hoy sólo queda una pequeña lápida, adosada al muro; la inscripción recuerda que en esta Capilla de Santiago el Mayor estuvo enterrado aquel gran agustino toledano.

Escritos El libro al que se refiere san Alonso de Orozco en el citado pasaje lleva por título Quaestiones in tres Aristotelis libros de anima que fue editado en Florencia el año 1477. Sobre esta obra escribe fray Ambrosio de Cora, General de la Orden de san Agustín: «Comentó (fray Alonso de Toledo) el primer libro de las Sentencias tan sutilmente, tan profundamente y con tanta precisión y elegancia que no hay nada superior a ella».

Teófilo Viñas, OSA