Vázquez, Dionisio (+1539)

Ingreso en la Orden. Estudios. Predicador Real

Nació en Toledo e ingresó en el convento de su misma ciudad, en el que profesó el 5 de junio de 1500. Al margen de su profesión hay una nota que dice: «Fue predicador de Carlos V y celebérrimo predicador». Completó los estudios teológicos en Roma y cultivó desde el primer momento el ejercicio de la predicación; su elocuencia le iba a merecer grandes elogios del Papa León X. Precedido de esta fama, no extrañará que, vuelto a España, fuese nombrado Predicador Real por Fernando el Católico, cargo que continuaría ejerciendo con el emperador Carlos V. La estima de éste por su predicador era tal, que, cuando el Claustro alcalaíno le pidió que autorizase a fray Dionisio a aceptar la cátedra de Sagrada Escritura en la Universidad, él dio la licencia solicitada, pero a condición de que no abandonase, durante las cuaresmas, la predicación de Palacio. Desempeñó también el cargo de Vicario General de la Orden en España y Colonia. El Emperador le ofreció los obispados de Palencia y México, pero él con firmeza y humildad no quiso aceptar. El título de Doctor le fue otorgado por las Universidades de París, Alcalá y Toledo.

Sus méritos vistos por San Alonso de Orozco

San Alonso de Orozco nos habla con calor de este ilustre personaje, al que él conoció personalmente y cuyos sermones pudo escuchar en más de una ocasión. Vale la pena transcribir la hermosa semblanza que nuestro santo hace de él:

«Cosa fue muy estimada no sólo en nuestra España, mas aún en Roma, y en toda Italia el padre maestro fray Dionisio, natural de la famosa ciudad de Toledo. Este varón tan docto conocimos y oímos predicar en nuestros tiempos y todos son testigos de la gran aceptación que tuvo con el católico rey Fernando y con nuestro invicto César, el emperador don Carlos. Tenía muy altos conceptos y predicaba cosas muy sutiles y también provechosas a las ánimas. Descubrió grandes primores de la sagrada Escritura, mayormente en algunas materias más dificultosas, como son del pecado original, de incarnatione Verbi, de las vidas que vivía Cristo, nuestro salvador, divina, beata, profética y humana. Y para que concluya las alabanzas deste doctísimo religioso, a quien tanto Dios engrandeció en el oficio de la predicación, baste lo que dijo en Roma el Papa León décimo. Una vez, bajando de predicar, el padre fray Dionisio fue a besarle el pie, y el Papa le respondió: Ciertamente yo pensaba que Dionisio estaba en el cielo y sin embargo hoy lo he visto en la tierra. Quiso el Papa decirle aquí, que era otro san Dionisio en letras y sutileza. Estas palabras fueron gran honra, no sólo de nuestra orden, mas aún de toda nuestra nación de España.

Finalmente, como en la famosa universidad de Alcalá tuviesen tanta noticia de sus grandes letras, le rogaron que leyese una lección de sagrada Escritura. Y para esto hicieron una cosa muy nueva y grande, que le criaron cátedra de nuevo para que él leyese la Biblia. Tenía toda la flor de esta ciudad por oyentes, maestros y doctores en Teología, y ansí iban todos a su lección como iban a oír sus sermones. Cuánto fruto hizo los años que allí leyó a san Juan, que es el evangelista más dificultoso, y también la epístola de san Pablo a los romanos, no se podría aquí, con breves palabras, declarar. Baste que esta doctrina anda por toda España, y se predica, aunque con tanto trabajo se escribe de mano. Placerá a Dios que algún día salgan estos libros impresos, para que más predicadores los puedan gozar».

Escritos

Pues bien, a propósito de este último deseo que expresa san Alonso de Orozco, habría que esperar nada menos que hasta 1956, año en el que el jesuita Félix G. Olmedo publicó un volumen de Sermones. De algunos de sus comentarios bíblicos, fruto de sus exposiciones en la cátedra sin duda, sólo sabemos que una lectura «Sobre san Juan» existía entre los papeles de fray Luis de León, así como también que, entre los cartapacios de fray Alonso Gudiel, se encontraba un «Commentarium super Ioannem». Fray Dionisio Vázquez tiene mucho que ver con la afición a los estudios bíblicos que iba a ser, precisamente, uno de los principales distintivos de la Escuela Agustiniana de Salamanca.

Sobre la aportación literaria de fray Dionisio, sobre todo como predicador, escribe Pedro Sainz Rodríguez: «Si mucho debe la lengua castellana a este autor, muchísimo le es deudora la oratoria sagrada, a la que renovó y dio vida por la solidez de doctrina que toma de la Escritura y de los Padres. Por el tiempo en que escribe es uno de los precursores del movimiento ascético-místico que sigue a sus días». En 1527 defendió, con elocuencia y también con notable éxito, las doctrinas de Erasmo de Rótterdam en una asamblea convocada y presidida por el Arzobispo de Sevilla.

En los últimos días de su vida se le paralizó la lengua y se vio obligado, con gran dolor de él y de muchos otros, a abandonar tanto el púlpito como la cátedra, retirándose a su convento de Toledo, en el que falleció santamente a los sesenta años de edad, cuando todavía se esperaba mucho de él.

Teófilo Viñas, OSA