Naturaleza y fin

NaturalezaFin

Naturaleza de la Orden de San AgustínLa naturaleza de la Orden está determinada por los elementos integrados en su formación: la herencia monástica de San Agustín, la tendencia contemplativa propia de sus raíces eremíticas, y los principios fundamentales de las órdenes mendicantes.

Es una orden de fraternidad apostólica. La fraternidad se manifiesta en la igualdad de los hermanos, superando las distinciones provenientes de privilegios, títulos y situaciones sociales o económicas. Todos son elegibles para todos los cargos cuando no lo impide el derecho común. Todos están llamados al apostolado y la mayoría son ordenados sacerdotes.

La fraternidad se refleja también en la estructura de la Orden. Así los diversos tipos de capítulos son los órganos supremos de gobierno a su nivel. El superior es un hermano a quien compete gobernar a otros hermanos como hijos de Dios y su administración está sometida al capítulo. Los hermanos responden a este oficio de servicio mediante la obediencia con espíritu de fe y amor.

El fundamento de la vida agustiniana es la vida común. Mediante ella, los hermanos, arraigados y unidos en el amor de Cristo, buscan a Dios, se sirven mutuamente, perfeccionan con la ayuda de la gracia los valores de la persona, trabajan por la comunidad, y no poseen nada propio, sino que viven de los bienes comunes.

El concepto de comunidad en la Orden no se agota en los límites de la comunidad local o provincial, sino que se extiende a la comunidad de toda la Orden, ordenada a su vez al bien de toda de la Iglesia, comunidad de todos los cristianos.

Nuestras raíces agustinianas y eremíticas proponen la dimensión contemplativa como un componente destacado de la tradición agustiniana. Para San Agustín la vida del monje debe estar dedicada esencialmente al ocio santo. En él su única ambición es buscar y amar a Dios, que habita en la interioridad del hombre. Al entrar dentro de sí mismo, el hombre se reconoce como imagen de su Creador y se trasciende a sí mismo para unirse a Él.

El fin de la Orden consiste en buscar y adorar a Dios, y trabajar al servicio de su pueblo, unidos concordemente en fraternidad y amistad espiritual. O, en palabras de la Regla: “Os habéis reunido para vivir en la casa unánimes y tener una sola alma y un solo corazón orientado hacia Dios”.

El principio por el que los corazones se hacen uno es la unión íntima con Cristo en su Cuerpo que es la Iglesia, de la que somos miembros y a cuyo servicio nos dedicamos.

Los medios principales para lograr convenientemente el fin de la Orden son los siguientes:

  • La consagración a Dios por los votos religiosos, fuente de vida comunitaria y de actividad apostólica.
  • El culto divino, especialmente el litúrgico.
  • La perfecta vida común.
  • La dedicación, común e individual, al desarrollo de la vida interior y al estudio.
  • La actividad apostólica según las necesidades de la Iglesia.
  • La diligente entrega al trabajo, tanto manual como intelectual, para el bien de la comunidad.

La experiencia de la fraternidad sincera y la tendencia agustiniana a la verdadera amistad, al amor y a la ayuda mutuos deben imprimir una nota peculiar y característica a las obras apostólicas de la Orden y ser testimonio viviente de la activa comunidad cristiana.

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