Saona, Gabriel de (+1615)

Hermano de fray Gaspar de Saona y nacido, como él, en Mota del Cuervo, profesó también en Salamanca el 21 de diciembre de 1559. Altamente dotado para los estudios, terminó su carrera en el Estudio Salmantino, en el que aparece matriculado en Artes en el curso 1563-64.

En 1569 pasó al Perú, siendo nombrado, a poco de llegar, Lector de Vísperas de Teología del convento de Lima. Tras ello, obtuvo por oposición la cátedra de Filosofía en su famosa Universidad. En 1573 se dirigió a Quito, junto con el P. Luis Álvarez de Toledo, para fundar la Provincia de san Miguel, de la que sería nombrado primer provincial en 1579. El 26 de junio del mismo año sería condecorado con el Magisterio.

En 1585 viajará a Europa como Procurador de las provincias de Quito y del Perú, consiguiendo que todas sus gestiones fueran despachadas favorablemente tanto en Madrid como en Roma. En esta ciudad el papa Sixto V lo nombró Penitenciario Apostólico de “todas las Indias Occidentales”, y a él se debió, sin duda, que el mismo Pontífice otorgara el breve de erección de la Universidad de san Fulgencio en el mismo convento de san Agustín de Quito. Regresó al Perú con el nombramiento de Visitador y Vicario General de las provincias de Perú y Ecuador. En 1592 ganó por oposición la cátedra de Sagrada Escritura en la Universidad de san Marcos de Lima, siendo considerado como uno de los grandes maestros que tuvo este prestigioso centro.

Sufrió con ejemplar resignación el tener que abandonar la cátedra e incluso la misma ciudad de Lima, a causa de falsas delaciones e inconfesables envidias. Viajó a España y a Roma donde fue demostrada su inocencia. A su paso por Madrid, camino ya del Perú, Felipe III expidió una real cédula en la que se hacía constar la injusticia que se había cometido contra el P. Saona, ordenando en su virtud que se le devolviese la cátedra. Con este despacho y otras gracias conseguidas en beneficio de aquellas provincias, se embarcó, llegando a Lima en 1604. La Universidad celebró con gran regocijo tan fausto acontecimiento. Después de algunos años pasó a su querida provincia de Quito, donde quisieron hacerlo de nuevo provincial, a lo que él se negó; no obstante, hubo de aceptar el cargo de prior, y desempeñando este cargo falleció el 6 de enero de 1615.

Todos sus biógrafos ponderan ejemplaridad religiosa, así como también sus grandes penitencias. Uno de ellos, fray Sebastián de Portillo, nos habla de su vida penitente y austera en estos términos:

“Dormía solas tres horas entre día y noche, y las demás empleaba en el coro, estudio y oración. Esta le ocupaba más tiempo que los libros porque en ella alcanzaba más luz que en ellos. Preparábase y decía todos los días misa con mucha devoción y reposo. Ayunaba todo el año con rigurosa abstinencia, porque su comida era tres onzas de pan y agua pura. Traía siempre dos ásperos cilicios; uno de cerdas, desde el cuello a la cintura; otro de rallo de latón, desde la cintura”.

Teófilo Viñas, OSA