Martínez Ramos, Pedro

P. Pedro Martínez Ramos

P. Pedro Martínez Ramos

Nació en Figueruela de Arriba (Zamora) el día 23 de octubre de 1902. Fueron sus padres José y Lucía. Fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa Irene el 26 del mismo mes y año.

Cursó tres años de latín y humanidades, como alumno externo, en el seminario de San Atilano de Zamora. Hizo el noviciado en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial donde profesó el 9 de noviembre de 1918, siendo prior el padre Natalio Herrero, y de votos solemnes el 24 de octubre de 1923. Cursó toda la carrera eclesiástica en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Fue ordenado de sacerdote el 2 de enero de 1926, y celebró su primera misa el 6 del mismo mes y año.

Ya antes de terminar los estudios eclesiásticos había sido destinado, el 2 de octubre de 1925, al Colegio Universitario de María Cristina de El Escorial, como inspector de los alumnos. En ella permaneció hasta 1933, en que fue suprimida por el Gobierno de la República. Realizados los estudios de bachillerato, comenzó la carrera de Derecho, licenciándose en la universidad de Barcelona en 1932. Poseía una facilidad innata para lenguas, llegando a dominar el francés, alemán, italiano e inglés. Hablaba ésta lengua con fluidez, debido a la práctica de sus años de estudiante y de alguna estancia en Irlanda.

Desde sus años de diácono hasta su muerte estuvo en la Universidad, de inspector y de profesor de derecho. Cuando en 1933 fue cerrada en el Escorial por el Gobierno de la República, se trasladó a la calle de la Princesa, n. 23, de Madrid, como residencia católica de estudiantes universitarios.

En este lugar le sorprendieron los hechos del 18 de julio de 1936. Detenido con otros religiosos de la comunidad el 4 de agosto, fue llevado a la comisaría de Leganitos, donde pasó la noche en los calabozos. Al día siguiente se le encarceló en la prisión de San Antón, donde, un día después, ingresaría la numerosa comunidad de SL de El Escorial. Después de casi cuatro meses carcelarios, fue juzgado a finales de noviembre por un tribunal popular que le condenó a muerte sólo por ser religioso.

El día 30 de noviembre su nombre figuraba en una de las “sacas” de la muerte. Le despojaron de todo y le ataron las manos a la espalda. A media maña le condujeron a Paracuellos del Jarama con otros 50 agustinos, donde fueron todos asesinados, dando antes y en el momento de morir pruebas de fe y serenidad religiosa, que admiraba a los mismos verdugos.