Pajares García, Samuel

P. Samuel Pajares GarcíaNació en Roscales (Palencia) el día 26 de julio de 1907. Sus padres se llamaban Mariano y Emiliana. Fue bautizado en la iglesia parroquial del Salvador el 28 de julio. Fueron cuatro hermanos, de los que sobrevivieron dos: el padre Samuel y otro hermano llamado Serapio, que más adelante fue médico especialista de niños.

Huérfano de madre cuando contaba unos cinco años, su padre se casó en segundas nupcias con una hermana de la primera esposa. Su padre era maestro. A su lado y bajo su dirección recibió una educación muy esmerada en las varias escuelas que regentó su padre. Hacia los diez años estuvo con su padre en la escuela de Cabañas de la Dornilla, pueblo leonés del Bierzo, cerca de Ponferrada.

Su madre era medio hermana de otro agustino, el entonces fray Marceliano García. Seguramente esta circunstancia le llevó a prepararse en sus estudios para seguir a su tío. Estudió varios años de latín y humanidades en Barriosuso de Valdavia.

No pudo ingresar en el noviciado en septiembre de 1922 debido a una fuerte pulmonía, por lo que tuvo que esperar hasta el 23 de febrero de 1923, tomando el hábito de agustino en esta fecha en el monasterio de Santiago de Uclés. Profesó de votos simples el 28 de febrero del año siguiente y de votos solemnes el 27 de julio de 1928.

Cursó los estudios de filosofía en Uclés, terminándolos en el convento de Leganés en 1927. Pasó al Monasterio de SL de El Escorial donde cursó la teología. Fue ordenado sacerdote el 24 de julio de 1930 por Mons. Pérez Platero, obispo de Segovia. En 1931 fue enviado a Roma estudiando en el Angelicum, donde se licenció en teología en 1932. De vuelta a España estuvo de profesor de teología y de filosofía en el Monasterio de El Escorial. Se le nombró pedagogo de profesos en febrero de 1935.

Detenido con toda la comunidad del Monasterio fue encarcelado en la prisión de San Antón el 6 de agosto de 1936. Durante los casi cuatro meses que estuvo encarcelado estuvo en contacto continuo con los jóvenes con el fin de animarlos en las duras pruebas que algunos de ellos se vieron sometidos.

Se le juzgó en un tribunal popular, establecido en la misma cárcel, sin opción alguna de poder defenderse, a finales de noviembre. Su nombre figuró en una lista de pesos que llamaron a primeras horas de la mañana para matarlos. A pesar de encontrarse enfermo ese día con fiebre muy alta no se tuvo consideración alguna con él.

Se le despojó de todo y se le ataron las manos a la espalda. Tras largas horas de espera salió con otros 11 agustinos, el día 28 de noviembre de 1936, hacia Paracuellos, donde a media mañana fueron todos asesinados.

Tuvo la suerte de que a él y a sus hermanos les pudiera despedir su propio provincial, el padre Avelino Rodríguez, momentos antes de ser muertos, dándoles la bendición, y ofreciendo el perdón a los propios verdugos, muriendo con el grito de ¡Viva Cristo Rey!