Renedo Martino, Agustín

P. Agustín Renedo Martino

P. Agustín Renedo Martino

Nació en Baños (Palencia) el día 26 de agosto de 1870. Fue bautizado el 28 de agosto del mismo año en la iglesia de San Caprasio. Hizo el noviciado en los agustinos de Valladolid donde profesó de votos simples el 26 de octubre de 1888, y de votos solemnes el 27 de octubre 1891.

Cursó los estudios de filosofía en el mismo Valladolid y los de teología en los monasterios de Santa María de la Vid y de San Lorenzo de El Escorial. Fue ordenado sacerdote por el agustino recoleto Mons. Toribio Minguella, obispo de Puerto Rico, el 21 de junio de 1895.

Ya antes de terminar los estudios de teología se le había destinado al colegio de Alfonso XII de San Lorenzo de El Escorial, donde permaneció varios años. En este colegio fue, además de inspector en los primeros años de estancia, ecónomo y director espiritual de los alumnos (1904). En 1908 se le nombró vicerrector del colegio de Ronda y profesor.

A pesar de cesar en el cargo mencionado en 1912, todavía continuó en el mismo centro hasta 1914, fecha en que se le destinó al Monasterio de El Escorial, como administrador de la revista La Ciudad de Dios, primero, y después (1916) administrador general de publicaciones, a la vez que era profesor de sagrada elocuencia de los jóvenes profesos.

Fue superior y maestro de profesos de 1920 a 1924. De 1927 a 1933 fue rector de la Real Basílica. Los sucesos del 18 de julio de 1936 le sorprendieron en el Monasterio de El Escorial. Unos días antes se le había nombrado prior de la casa seminario de Leganés, pero no llegó a tomar posesión de su cargo.

El 6 de agosto fue detenido con toda la comunidad y encarcelado en la prisión de San Antón. Después de casi cuatro meses de encerramiento, se le juzgó en un tribunal popular constituido en la misma cárcel a finales de noviembre. El día 30 su nombre figuraba en una larga lista de presos que llamaron a primeras horas de la mañana. Le despojaron de todo y le ataron las manos a la espalda. Tras largas horas de espera fue conducido a media mañana con otros 50 agustinos a Paracuellos, donde se les asesinó sólo por el hecho de ser religiosos, no sin haber dado antes muestras de su gran fe.