Rodríguez Gutiérrez, Conrado

P. Conrado Rodríguez Gutiérrez

P. Conrado Rodríguez Gutiérrez

Nació en Villanueva de la Peña (Palencia), el día 24 de noviembre de 1901. Fueron sus padres Marcelino y Antonia. Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Martín el 26 del mismo mes. Era el mayor de siete hermanos. Dos de sus hermanas fueron religiosas carmelitas de clausura. Casi desde niño comenzó el estudio de latín y humanidades en seminario de Palencia, seguido de los cursos de filosofía en el seminario de Palencia, donde un tío suyo, hermano de su madre era profesor.

Varias veces manifestó a su tío su deseo de ser religioso. A pesar de que su tío era sacerdote, fue decisión del mismo Conrado ingresar en los agustinos del Monasterio de El Escorial, influenciado por los escritos de San Agustín y de algunos escritores agustinos del mismo monasterio del que él era lector asiduo. Ingresó en el noviciado en 1919 y profesó de votos simples el 17 de agosto de 1920, siendo prior el padre Julián Rodrigo. Cursó los estudios de teología en el Monasterio de El Escorial. Fue ordenado de sacerdote el 21 de junio de 1925 y celebró su primera misa en la basílica.

En el último año ahora mencionado fue destinado al colegio y residencia de la calle Valverde, de Madrid, como inspector y profesor, aunque sólo permaneció un curso.

Volvió al Monasterio en el que fue pedagogo de los estudiantes teólogos durante un año. Permaneció residente en este monasterio hasta 1936, dedicado al estudio en la soledad de su celda, que él amaba con delirio. Fue profesor de teología fundamental.

En el capítulo provincial celebrado el 11 de julio de 1936, en Madrid, fue elegido definidor de Provincia. Los sucesos del 18 de julio le sorprendieron en el Monasterio. El padre Conrado fue detenido con todos los religiosos de la numerosa comunidad el 6 de agosto, y encarcelado en la prisión de San Antón.

Su espíritu generoso y noble servía de bálsamo a todos los presos tanto religiosos como seglares. Para levantarles el ánimo les hacía soñar, como obra de caridad, en realidades que él mismo sabía que a buen seguro fuesen irrealizables. Decía al padre Ángel C. Vega, prior de la comunidad: “Es una obra de caridad levantar el ánimo de los caídos. Déjelos soñar siquiera un poco”.

En la cárcel fue uno de los que se distinguió por su extraordinario valor y serenidad. “¡Qué floración de virtudes, nos dice un testigo presencial, en religiosos como el P. Conrado Rodríguez, que siempre vivió entre candores y lirismo de mística poesía, entre ángeles y arreboles, sin contacto con el mundo cruel que desengaña, curte y endurece!”

Después de casi cuatro meses de vida carcelaria, a finales de noviembre fue juzgado como los demás religiosos por un tribunal popular en la misma prisión. No dudó en declarar su condición de religioso. En las primeras horas de la mañana del último día del mes su nombre constaba en una larga lista de presos. Llamado, se le despojó de todo efecto personal, le ataron las manos a la espalda, y tras largas horas de espera fue conducido con otros 50 agustinos a Paracuellos del Jarama, donde fueron asesinados a media mañana, el 30 de noviembre de 1936, dando todos muestras de fe y entereza religiosa.