Sánchez López, Macario

Fr. Macario Sánchez López

Fr. Macario Sánchez López

Nació en Hoyocasero (Avila) el día 29 de febrero de 1884. Fueron sus padres Ignacio y María. Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Juan Bautista, de Hoyocasero. Era el segundo de tres hermanos que abrazaron la vida religiosa.

En 1901 ya se encontraba en el Monasterio de El Escorial, como hermano donado o aspirante. Tras varios años de postulante hizo el noviciado en el Monasterio de El Escorial, en el que profesó de votos simples el 9 de mayo de 1905. Profesó de votos solemnes 10 del mismo mes del año 1908.

A los pocos meses de su profesión simple fue destinado al colegio de Alfonso XII de El Escorial. Toda esta época fue un periodo de aprendizaje en la pintura con el padre Víctor Villán, quien descubrió en él cualidades innatas para pintar.

El 6 de agosto de 1908 fue destinado al convento y colegio de Palma de Mallorca como profesor de enseñanza primaria. Volvió de nuevo al de Alfonso XII, con idéntica misión en 1912, primero, y después profesor de dibujo. En 1924 se le destinó a la Universidad, en la que además de profesor de dibujo fue sacristán. Ya desde años anteriores venía atendiendo el laboratorio fotográfico de la Biblioteca Real que llegó a dirigir para sacar fotocopias. Al cerrar la Universidad, el Gobierno de la República, en 1933, fray Macario pasó al Monasterio.

Los hechos del 18 de julio de 1936 le sorprendieron en el Monasterio. Fue detenido con toda la numerosa comunidad y encarcelado el 6 de agosto en la prisión de San Antón.

Durante los casi cuatro meses de vida carcelaria fray Macario empleó parte de su tiempo en pintar con los escasos recursos de que disponía a mano y hacer retratos a lápiz. Se nos han conservado algunos retratos de agustinos.

Fue juzgado a finales de noviembre por un tribunal popular en la misma cárcel. Se le condenó a muerte por ser religioso. Su nombre figuraba en una larga lista de presos. Fue llamado, el último día del mes, a primeras horas de la mañana. Se le despojó de todas las cosas personales y se le ataron las manos a la espalda. Después de largas horas de espera en el salón de entrada, fue conducido a Paracuellos con otros 50 agustinos y sacrificado a media mañana el 30 de noviembre de 1936. Según testigos presenciales todos dieron grandes pruebas de fortaleza y fe cristiana, manifestada en sus palabras y en sus gestos.