Sánchez Sánchez, Juan

P. Juan Sánchez Sánchez

P. Juan Sánchez Sánchez

Nació en la villa de Diego Álvaro (Ávila) el 27 de enero de 1882. Sus padres se llamaban Alejandro y Petra. Fue bautizado el 1 de febrero del mismo año en la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Hizo el noviciado en el Monasterio de El Escorial donde profesó de votos simples el 21 de octubre de 1899, y de solemnes el 22 del mismo mes de 1902.

Cursó los estudios filosóficos y teológicos en el mismo Monasterio. El 16 de septiembre de 1903, todavía en su segundo año de teología, fue destinado al colegio de Alfonso XII, de inspector, simultaneando esta tarea con el estudio de la carrera sacerdotal. Fue ordenado sacerdote el 14 de mayo de 1905.

Siguió en el mismo colegio de profesor hasta 1933, fecha en la que el colegio fue cerrado por el Gobierno de la República. Ordenado sacerdote preparó los estudios de bachiller y los de lector de filosofía, que, tras prepararse para el examen correspondiente, la Orden le concedió el título de lector el 12 de febrero de 1913. Por estos años realizaba también la carrera de Filosofía y Letras en la universidad de Salamanca terminándola en Madrid, donde consiguió la licenciatura. En el colegio fue ecónomo (1916-18) y secretario de estudios (1921-23).

Al suprimir el Gobierno de la República la enseñanza en los colegios de religiosos, el mismo Gobierno cerró también el colegio de Alfonso XII de San Lorenzo de El Escorial en 1933, por lo que el centro se trasladó a Madrid, estableciéndose en la calle de la Bola con el nombre de colegio Pedro Calderón de la Barca, y los profesores religiosos figuraban como profesores seglares. Entonces el padre Juan Sánchez pasó también a Madrid. Allí estuvo tres años hasta 1936.

Los sucesos del 18 de julio de 1936 le sorprendieron en el Monasterio de El Escorial. Fue detenido con toda la numerosa comunidad el 6 de agosto de 1936 y encarcelado en la prisión de San Antón.

Soportó casi cuatro meses de vida carcelaria. A finales de noviembre fue juzgado en la misma cárcel por un tribunal popular que le condenó a muerte por ser religioso. El último día del mes su nombre estaba incluido en una larga lista de presos, que fueron llamados a primeras horas de la mañana. Fue despojado de todo y se le ataron las manos a la espalda. Después de largas horas de espera en llamado “rastrillo”, o gran salón de entrada, fue conducido con otros 50 agustinos a Paracuellos del Jarama y sacrificados todos a media mañana del 30 de noviembre de 1936. Durante el trayecto y en el momento de morir todos dieron pruebas, según testigos presenciales, de gran fortaleza y profunda fe religiosa.