Varga Delgado, Pedro de la

P. Pedro de la Varga Delgado

P. Pedro de la Varga Delgado

Nació en Valladolid el 30 de julio de 1904. Fueron sus padres Vicente y María. Fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa Magdalena el 5 de agosto del mismo año.

Hizo el noviciado en el monasterio de Santiago de Uclés, donde profesó de votos simples el 19 de octubre de 1920. Pronunció los votos solemnes en el Monasterio de El Escorial el 31 de julio de 1925.

Cursó los estudios eclesiásticos de filosofía (1920-24) y de teología (1924-28) en los monasterios de Santiago de Uclés y de San Lorenzo de El Escorial.

Fue ordenado de sacerdote el 16 de octubre de 1927. Celebró su primera misa el 23 del mismo mes en el monasterio de la Visitación (Salesas), de Valladolid, donde su tía Eulalia, hermana de su padre, era religiosa con el nombre de Sor Josefina Antonia.

Finalizada la carrera eclesiástica en 1928, pasó a Roma para el estudio de la música en el Instituto Pontificio de música sacra, en el que consiguió la licenciatura en 1931.

De regreso a España fue trasladado al convento de Ntra. Sra. del Buen Consejo, de Leganés, en junio de 1931, como profesor y director de música de los jóvenes seminaristas agustinos; y de Leganés al R. Monasterio el 13 de octubre de 1933 como maestro de capilla además de organista y administrador bibliotecario de la revista La Ciudad de Dios. Le fue concedido el título de lector el 29 de septiembre de 1935, por haber conseguido la licenciatura en Música sacra.

En el capítulo provincial del 11 de julio de 1936 fue nombrado procurador o ecónomo del mismo Monasterio. Los sucesos del 18 de julio le sorprendieron en el Monasterio. Detenido con toda la comunidad el 6 de agosto de 1936, fue conducido a Madrid. Tras prestar declaración los religiosos pasaron el día en los calabozos de la Dirección General de Seguridad, y, al atardecer fueron encarcelados en la prisión de San Antón, de Madrid.

En la cárcel se conservaba tranquilo y no exento de cierto buen humor, lo que de ordinario era normal en su vida. A finales del mes de noviembre fue juzgado por un tribunal popular formado en la misma cárcel. Le hicieron las mismas preguntas que a los demás agustinos: Nombre, profesión, lugar de residencia, si estaba dispuesto a servir a la República en el ejército, etc… Al padre Pedro de la Varga le preguntaron más o menos lo mismo que a los demás. Era un hombre tremendamente curioso, en todo se fijaba, y vio que, al lado de su declaración escribieron “libertad d.”, que, por lo visto significaba libertad definitiva, o sea, fusilamiento. Como no sabía lo que significaba la letra “d”, salió convencido de que le ponían en libertad.

La realidad es que fue condenado e incluido su nombre en una de las “checas” de la muerte el último día de noviembre. Despojado de todo y maniatado se le condujo a Paracuellos con otros 50 agustinos, donde fueron todos sacrificados a media mañana del día 30 de noviembre de 1936, dando todos muestras de fe profunda y gran fortaleza moral, que dejaban admirados a los mismos asesinos.