Agradecimiento por el perdón

¿Que podré darte a cambio, Señor.
por permitirme recordar mi pasado tenebroso?

Te amaré, Señor, y te daré gracias,
y confesaré tu nombre,
por haberme perdonado
tantas y tan nefandas acciones mías.
A tu gracia y misericordia debo
que hayas derretido, como hielo, mis pecados,
y el no haber caído en otros muchos.

¿Qué mal no pude hacer,
yo que llegué a amar gratuitamente la maldad?
Confieso que todos me han sido perdonados:
el mal que voluntariamente hice,
y el que, por gracia tuya, dejé de hacer…
Sólo a ti quiero, Justicia e Inocencia,
hermosa y encantadora a los ojos puros,
y con insaciable saciedad.

En ti se encuentra el perfecto descanso
y la vida imperturbable.
Quien entra en ti,
entra en el gozo de su Señor
y no temerá,
y se hallará sumamente bien en el sumo Bien.
Yo me alejé de ti
y anduve errante, Señor,
muy lejos de tu estabilidad,
y llegué a ser, para mí, región de esterilidad.

San Agustín, Confesiones 2, 7, 15; 10, 18