Ansia de Dios

Señor y Dios mío,
en ti creo,
Padre, Hijo y Espíritu Santo.

No diría tu Palabra la Verdad:
“Id y bautizad a todas las gentes,
en el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo”,
si no fueras Trinidad.
Y si tú, Señor,
no fueras, al mismo tiempo,
Trinidad y un solo Dios y Señor,
no diría tu Palabra:
“Escucha, Israel: el Señor tu Dios
es un Dios único”.

Fija la mirada de mi atención
en esta regla de fe,
te he buscado según mis fuerzas,
y en la medida en que tú me hiciste poder,
y anhelé comprender con mi inteligencia
lo que creía mi fe;
he disputado y me he afanado en demasía.

Señor y Dios mío, mi única esperanza,
escúchame,
para que no sucumba al desaliento
y deje de buscarte.
Antes bien,
ansíe siempre tu rostro con ardor.

Tú, que hiciste que te encontrara,
y me diste la esperanza
de avanzar siempre en tu conocimiento,
dame fuerzas para proseguir la búsqueda.

Ante ti están mi fortaleza
mi debilidad:
sáname ésta, y consérvame aquélla
Ante ti están mi ciencia
y mi ignorancia:
allí donde me abriste,
recíbeme, pues estoy entrando;
allí donde me cerraste,
ábreme, pues estoy llamando.

Que me acuerde de ti,
que te comprenda
y te ame.
Acrecienta en mí tus dones,
hasta que íntegramente me transformes. Amén.

SAN AGUSTÍN, La Trinidad 15,28,51