Dame diez santos y cambiaré esta ciudad

“Me ha venido a la cabeza una reflexión que probablemente se relaciona con la proximidad de mi visita a Inglaterra.

Es de un autor inglés -me parece que del Cardenal Newman, pero no estoy seguro- que, al contemplar como Londres, una ciudad inmensa, se iba descristianizando y secularizando como tantas grandes ciudades, oraba de este modo al Señor: dame diez santos y cambiaré esta ciudad.

Habés hablado mucho de la mala situación espiritual de vuestros contemporáneos, que se muestran indiferentes, desinteresados, sin inquietud por los problemas espirituales, religiosos y éticos: que encaran su vida con superficialidad (…).

La respuesta que podéis dar -y que ya dais- es la que se expresa en esa oración: dame diez santos y cambiaré esta ciudad.

Es lo que se enseña en la parábola del fermento y la masa: el fermento cambia la masa, la hace creer y convertirse en pan.

Pienso que vosotros, que habéis recibido la gracia de una vocación cristiana más madura, más profunda, podéis seguir actuando como el fermento en la masa, como los que se sienten capaces de cambiar las grandes urbes, las grandes ciudades, las grandes corrientes intelectuales, para alcanzar un futuro mejor.

(…) El hombre, cuando se deja llevar por la fuerza de Dios, por la gracia de Dios, cuando camina a su lado, es capaz de cambiar el mundo. Esto es lo que os deseo: que cambiéis el mundo, que mejoréis el mundo”.

Juan Pablo II, Palabras informales en el Patio de San Dámaso,

Ciudad del Vaticano, a los participantes en el Univ 82