Testimonios

Nosotros, los sacerdotes, no somos los más inteligentes, los más cultos, no somos necesariamente los más maduros ni tampoco los más santos, sino que reclamamos una autoridad que nos humilla frente a los demás hombres (K. RAHNER).

Cuanto más se avanza en la vida de oración o en la formación para la orción, más se llega al convencimiento de que no hay más ue una sola palabra para los que quieren aprender a orar: “perseverad”.

“Dios- dice san Juan Clímaco- concede el don de la oración al que ora”. No es posible enseñar a orar a otro, como tampoco es posible enseñarle a amar, a alegrarse o llorar. Sencillamente hay que dejar que la vida trinitaria respire en nosotros. Sólo el Espírtu Santo escondido en el fondo de nuestro corazón puede enseñarnos a orar (J. LAFRANCE).

“Esto fue lo más divino de Dios (y mi empeño consistió en mostrarlo): Dios era tan libre que podía entregarse a sí mismo. Vosotros llamáis amor a vuestra tendencia a la plenitud. Pero ) quién conoce la naturaleza del amor, sino Dios, pues Dios es amor? No es amor el que vosotros le amárais a él, sino el que él os haya amado y entregado su alma por vosotros, sus hermanos. Esta fue su eterna bienaventuranza, que él sintió el gusto de prodigarse en un vano amor hacia vosotros (H.U.v. BALTHASAR).

Buscáis la santidad: señal de que no la tenéis! El santo (yo lo soy) no anda tras ella. Ignorándola, despreocupado, no prestando atención a sí mismo cae de hinojos ante sus hermanos para lavarles sus cansados pies; olvidando su propia hamabre de Dios, se sienta a la mesa y se mueve en torno par servirles (H.U.v. BALTHASAR).

Tu fuerza ¿para qué la tienes
sino para gastarla?
!Gástala entera, cada día!
!No guardes nada de ella!

!Cada aurora te dará, cada día, la bastante!
En nada aumentará tu fuerza de hoy,
tu fuerza de mañana;
será la fuerza vieja de tu fuerza nueva
tu tradición, tu trabajo, tu tristeza…
!Fuerza de ayer, no dada ayer, perdida!
!Fuerza de hoy, dada hoy, ganada!

Juan Ramón Jiménez