Clamor del corazón

Nadie dudará que es vano el clamor que se eleva a Dios por los que oran si se ejecuta por el sonido de la voz corporal sin estar elevado el corazón a Dios. Si tiene lugar en el corazón, aunque permanezca en silencio la voz corporal, puede estar oculto a los hombres, no a Dios. Cuando oramos a Dios, ya con la boca, cuando sea necesario, ya en silencio, siempre ha de clamarse con el corazón. El clamor del corazón es un pensamiento vehemente que, cuando se da en la oración, expresa el gran afecto del que ora y pide, de suerte que no desconfía de conseguir lo que pide. Se clama con todo el corazón cuando no se distrae en cosa alguna.

San Agustín, Comentario al Salmo 118, s. 29, 1

¡Cuántos gritan con la boca y son mudos de corazón! y, por el contrario, ¡cuántos enmudecen en los labios y claman con el afecto! El oído de Dios se inclina al corazón del hombre; pues bien, así como el oído corporal se inclina a la boca del hombre, así el corazón del hombre se inclina al oído de Dios. Muchos, teniendo cerrada la boca, son oídos, y muchos, a pesar de sus gritos estentóreos, no lo son.

San Agustín, Comentario al Salmo 119,9