Fe y oración

Si la fe flaquea, la oración perece. ¿Quién hay que ore sin creer? Por eso, el bienaventurado Apóstol, exhortando a orar, decía: Cualquiera que invocare el nombre del Señor, será salvo. Y para mostrar que la fe es la fuente de la oración y que no puede fluir el río cuando se seca el manantial del agua, añadió: ¿Cómo van invocar a Aquél en quien no creyeron? (Rom ,13-14). Creamos, pues, para poder orar. Y para que no decaiga la fe mediante la cual oramos, oremos. De la fe fluye la oración; y la oración que fluye suplica firmeza para la misma fe. Para que la fe no decayese en medio de las tentaciones, dijo el Señor: Vigilad y orad para que no entréis en tentación (Lc 22,46)… ¿Qué es entrar en tentación sino salirse de la fe? En tanto avanza la tentación en cuanto decae la fe.

San Agustín, Sermón 115,1,1

Tened fe; mas para tener fe, orad con fe. Pero no podéis orar con fe sin tener fe. Pues ninguna otra cosa ora sino la fe.

San Agustín, Sermón 168,5,5