Los bienes superfluos y los pobres

«También debes considerar, que pides para todos y todos piden para ti; porque tengas por cierto que los bienes que recibes demás de lo que te basta son para tu hermano, que recibió de menos. Los que igualmente son hermanos, con igualdad parten los bienes que les dejó su padre: luego enemigo eres y no hermano, si no das del pan sobrado al pobre, para cuyo remedio te lo dio el Señor. ¿No sabes, alma mía, que el Redentor del mundo, no sólo mandó guardar los pedazos que de aquella mesa tan cumplida sobraron, hartos ya tantos miles de hombres, mas aún pidió cuenta a sus Apóstoles que le dijesen el número de los canastillos que habían levantado?¡Oh gran Dios, cuán limitado os manifestáis en pedir cuenta, siendo tan largo en dar! Pues que esto es así, ¿qué cuenta pediréis de los cuentos de renta que llevan los prelados de vuestra Iglesia y los reyes y señores cristianos? Pediréis, Señor, el pedazo de pan perdido, a donde sobra el pan a los perros y lebreles y falta a los hijos, vuestros cristianos y amigos! ¡Oh, gran juicio, que tiene el azor sobradas las aves, y el pobre enfermo no alcanza que llegar a su boca! ¡Oh, alma mía, que no pediste, ni se te dio ese pan para hacer tal estrago, sino para que seas depositaria de tus prójimos y medianera de su remedio! Finalmente, has de considerar en esta petición, que no se reprende el cuidado necesario y moderado, para que ganes tu sustento, sino la solicitud superflua».

San Alonso de Orozco, Declaración del Pater Noster, Soliloquio V, 4ª petición