Mejorar nuestra liturgia de las horas

Introducción

A los ministros sagrados se les confía de tal modo la Liturgia de las Horas que cada uno de ellos habrá de celebrarla incluso cuado no participe el pueblo; pues la Iglesia los delega par la Liturgia de la Horas de forma que al menso ellos aseguren de modo constante el desempeño de lo que s función de todas la comunidad, y se mantenga en la Iglesia sin interrupción la oración de Cristo (OGLH, 28).

Ya que la Liturgia de las Horas no sólo constituye la fuente de la piedad y el alimento de la oración personal, sino que también presta un gran apoyo para robustecer y manifestar la unidad y la concordia, se ha de considerar oración común de todos los Hermanos. Se celebrará de ordinario en la iglesia u oratorio, según las leyes eclesiásticas, para dar al pueblo de Dios un testimonio más eficaz de oración y unidad. Es conveniente invitar a los fieles a que participen con nosotros en esta oración (Constituciones, 96).

No es fácil identificarse con los salmos

  • Cierto. Son, en primer lugar, reflejo de experiencias religiosas de otras personas; no “nuestras ni mías”. Orar con las palabras de otro, ¿no será como copiar una carta de amor?
  • Son además composiciones antiquísimas, surgidas de una mentalidad oriental, primitiva y por añadidura agrícola.
  • Brotan por si fuera poco de un pueblo muy concreto, el judío, por lo que, lógico, están plagados de alusiones a su geografía, su historia, sus instituciones, su peculiar religiosidad e idiosincrasia… Todo lo cual nos resulta forzosamente extraño.
  • No paran aquí las dificultades. Hasta su Dios parece diametralmente opuesto al nuestro. Estas oraciones reflejan una fe como más egoísta, una esperanza más terrena. Y en cuanto al amor, se centra, a lo más, en el judío.
  • De hecho, sus exigencias morales son muy diversas de las nuestras. Hasta parece antievangélicas cuando se traducen en sentimientos de tinte violento…

¿Cómo hacer nuestras estas oraciones?

AGUSTÍN Fundamenta y reaviva nuestro aprecio hacia ellas:

  • Son oraciones dirigidas a nuestro mismo Dios por hermanos nuestros en la fe que hicieron parecido o idéntico camino humano que nos toca hacer a nosotros.
  • Cristo mismo las aprendió a cantar y recitar, oró con ellas y las recomendó.

Añadimos:

  • Desde los primeros momentos, nuestra Iglesia las hizo suyas. Con ellas oraron desde los mártires del Coliseo romano, hasta los torturados en nuestro momento presente, pasando por la interminable sinfonía que ha llenado durante siglos nuestros coros monacales y hoy trata de dejarse oír también entre los laicos.
  • No extrañándonos, en fin, de encontrar en el Antiguo cosas pasajeras e imperfectas. Ellas preparaban lo definitivo y perfecto. La Biblia es como el “plan de estudios” del Pueblo de Dios. El Antiguo Testamento corresponde a la etapa elemental. El bachillerato, la universidad y postgraduado vendrán luego, con Cristo. Jesús mismo repetía: “Habéis oído que se dijo a los antiguos…; pero yo os digo…”

Saber más

Asumir algunos compromisos

Estudiar y saber algo más. Cuanto más sepamos de la historia y cultura de Israel, menos nos chocarán estas fórmulas orantes. Sólo situando una oración concreta en el ambiente en que se pronunció, comprenderemos sus motivos de queja, gratitud, alabanza, etc., que la componen.

Atender a la presentación del salmo

La misma presentación de los salmos en el breviario puede ayudarnos a ello. En efecto, todos los salmos van precedidos de un título en rojo: ese título nos da el tema propio del salmo, sin referencias cristianas. A continuación se encontramos un versículo del NT o de algún Padre: esto nos ayuda a leer con ojos cristianos el salmo en cuestión. También las antífonas tienen esta misma finalidad; por ello, cuando se crea oportuno, se puede emplear de antífona el versículo del NT.

Leer a la luz del NT

Leamos, luego, los salmos a la luz del Nuevo Testamento. Así las alusiones a Sión, Jerusalén, Israel, etc., las veremos como imágenes de “lo que había de venir”; la Iglesia, el cielo… El “Éxodo” no prefigura sino la difícil andadura que a todos nos sigue tocando hacer en la fe. El “Rey ungido” es figura de Cristo. La “Pascua judía” nuestra propia Pascua.

Leer desde Cristo

Para nosotros, el uso de los salmos sólo puede tener sentido si, fieles al ejemplo de los Padres y de los mismos autores del NT, los referimos a Cristo. Para ello tenemos dos grandes vías: por abajo y por arriba.

En los salmos suele haber un “yo” que se dirige a un “tú”: el orante que habla a Dios.

Cristificar por abajo: es poner a Cristo en el “yo” del salmo:

TÚ=PADRE – YO=JESUCRISTO (“Vox Christi ad Patrem)

Dado que Cristo oró con los salmos, muchas veces nos ayudará a descubrir su sentido cristiano el esfuerzo por descubrir qué le decía aquel salmo a Jesús, o qué decía Jesús al Padre a través de aquel salmo.

Hay dos grupos que se prestan especialmente a esta vía:

  1. Los salmos de ”los pobres de Yahvé”: El pobre de Yahvé tiembla está en la presencia de Dios, tiembla ante su palabra, obedece a sus órdenes, acoge sus dones, se desconcierta ciertamente bajo sus golpes, pero se siente también seguro de formar parte de la raza des sus hijos. Son estos salmos los que dieron a Jesús su vocabulario.
  2. Los salmos que hablan del justo sufriente, del hombre perseguido, calumniado, condenado, que sin embargo no se venga, sino que pone su causa y su vida confiadamente en manos de Dios.

Los evangelios nos dan los hechos de la pasión; los salmos nos ofrecen su psicología.

Cristificar por arriba: Es identificar a Cristo con el “tú” del salmo:

TÚ=JESUCRISTO, EL SEÑOR – YO=IGLESIA, CADA CRISTIANO (Vox Eclesiae ad Christum)

Esta es una de las formas como la primera comunidad cristiana, incluyendo en ella a los autores del NT, proclamó su fe en la divinidad de Jesús. Es dirigir a Jesús de Nazaret aquellas plegarias que los israelitas destinaban sólo a Yahvé. Es confesar la fe en la divinidad de Cristo. Quien ora con los salmos podrá sacar de ellos muchas enseñanzas y sentidos afectos piadosos, pero lo más importante de todo es este acto de fe cristiana.

Como ayuda para cristificar los salmos podemos emplear el versículo bíblico o de los Padres que se antepone a cada salmo.

Desde nuestra situación histórica

Hay otra clave también importante para la lectura de los salmos: decirlos no sólo desde Cristo, sino desde la historia del hombre. En ellos refleja Israel su historia, que es también la nuestra, porque es profundamente humana y religiosa. Por tanto, debemos también, orar estas plegarias desde nuestras circunstancias concretas. A poco que nos esforcemos veremos que nacieron en medio de situaciones parecidas: búsqueda de Alguien o de Algo, sufrimientos, alegría, guerra, paz… que se viven a diario dentro de nuestra sociedad y nuestra Iglesia. Los salmos son una prueba de cómo se puede acercar la oración a la vida, y la vida a la oración.

Actualizar los salmos no significa cambiarlos, sino decirlos desde nuestra situación histórica. El sentido literario original (salmos de victoria, de procesión al Templo, de desastres personales o colectivos…) nos sugiere la clave de lectura, a la vez que nos deja libertad para una encarnación del salmo en nuestra vida. No hace falta tampoco que nos metamos demasiado en la piel de los israelitas en el destierro o que hagamos esfuerzos por sentir vitalmente el amor o la añoranza por Jerusalén. Desde nuestra vida de cada día, con las antenas sensibles a los vaivenes de todo lo humano, no dando la espalda a las grandes alegrías y las preocupaciones de la humanidad de hoy, podemos decir significativamente los salmos. Son como un “sí”, no sólo a Cristo y su Misterio de salvación, sino también al hombre, a los valores de la vida, vistos y cantados ante Dios.

En clave de solidaridad

Por eso podremos repetir que para decirlos bien tal vez lo que falta a veces no es el sentido teológico y cristiano, sino el humano: el sentir solidaridad con todo hombre. Aunque suene el “yo” – y debe resonar en cada uno de nosotros- es el “nosotros” el que se encuentra latente en estas oraciones sálmicas. Ni el amor ni el dolor ni la fe son experiencias sólo individuales, sino de la Iglesia y de la humanidad.

Esto ayuda fin, otra dificultad: La de adecuar nuestro presente estado de ánimo, al del salmista. Se da efectivamente muchas veces el caso de no vibrar al unísono. Si estamos alegres, el salmo sangra, etc. Por eso, cuando oremos “a solas”, debemos escoger el salmo que más nos agrade. Y cuando la “Comunidad” nos llame a unirnos a un sentimiento que no es el nuestro del momento, pensemos que – al orar en Iglesia- estamos orando en nombre de muchos otros que seguro están pasando en esos momentos por esa situación concreta que se refleja en el salmo.

La dureza de algunos salmos

Si los salmos asumen toda la vida del hombre, no debe extrañar que sean a veces gritos de protestas surgidos desde el dolor.  El lenguaje de tales salmos resulta difícil de asimilar para algunos por sus peticiones de venganza y castigo y sus expresiones duras.  Para superar esta dificultad hay que leerlos desde la clave justa, que es también aquí por una parte la de Cristo y la del hombre.

El mal sigue existiendo en nuestro mundo: el mal organizado, el de los cínicos y canallas, que es contra los que protesta el salmista, los que luchan contra la causa de Dios y de su Pueblo elegido.

Ahora bien, Dios no quiere el mal, así como Cristo tampoco lo quería y dijo palabras durísimas contra una serie de categorías de personas que en su tiempo se oponían al reino de Dios.

¿Por qué un cristiano no puede expresar en su oración su repulsa contra el mal, su protesta contra las injusticias que sufren tantos hombres en nuestra sociedad, solidarizándose a la vez con el salmista, con Cristo y con todo el que sufre en nuestra generación por culpa de la mala voluntad de otros? De esta forma estos salmos nos ayudan a ser solidarios con otros hombres. Nos invitan a hacer nuestras experiencias muy duras del hombre y nos invitan a hacerlas nuestras: con amor, pero con fuerza.

Es bueno que cristianicemos los salmos, pero sin deshumanizarlos.

Algunas formas de recitar los salmos

  • Cuidemos su ejecución (Cf. OGLH 121-122).
  • Recitación pausada de todo el salmo en dos coros.
  • Lectura por un solo lector mientras los demás escuchan.
  • Proclamación lírica al estilo de un poema.
  • Recitación al unísono.
  • A modo de Salmo responsorial: mientras uno recita el Salmo, la comunidad se une repitiendo o cantando la antífona cada estrofa o cada dos o tres estrofas.
  • Introducir breves momentos de silencio tras cada salmo.
  • Favorecer de cuando en cuando el que la comunidad pueda disfrutar escuchando sus propios ecos o repercusiones sálmicas. Para ello, terminada la recitación o el canto del Salmo, todos quedan es silencio para que quienes lo deseen, manifiesten en público aquel versículo, aquellas palabras o aquella idea del Salmo que más le hayan impresionado.

Canto

  • Utilicemos cuanto podamos el canto. Estas composiciones nacieron para ser cantadas.

Moniciones y oraciones sálmicas

  • Hacer moniciones y oraciones sálmicas breves.
  • Con la monición intentamos sintonizar con el salmo que vamos a orar. Estas moniciones pueden preceder a un salmo o a toda una hora en su conjunto. De todos modos conviene evitar el peligro de hacerlas pesadas.
  • La oración sálmica debemos hacerla “según la norma de la antigua tradición: concluido el salmo, y observando un momento de silencio, se concluye con una oración que sintetiza los sentimientos de los participantes” (OGLH 112).

Para hacer esto podemos echar mano de libros específicos que recogen moniciones y oraciones a los salmos.

Oficio y Misa

Es necesario que tanto la misa como la hora correspondiente sean del mismo oficio (OGH 93).

Unir laudes con la misa

La acción litúrgica puede comenzar por la invocación inicial y el himno de Laudes, especialmente en los días de feria, o por el canto de entrada de la misa con la procesión y saludo del celebrante, especialmente los días festivos. Según el caso se omite, pues, uno u otro de los ritos iniciales.

A continuación se prosigue con la salmodia de las Laudes hasta la lectura breve exclusive.

Después de la salmodia, omitido el acto penitencial y, según la oportunidad, el Señor ten piedad, se dice, si lo prescriben las rúbricas, el Gloria, y el celebrante reza la oración colecta de la misa. Después continúa con la liturgia de la palabra, como de costumbre.

La oración de los fieles se hace en su lugar y según la forma acostumbrada en la misa. Pero los días de feria, en la misa de la mañana, en lugar del formulario corriente de la oración de los fieles, se pueden decir las preces matutinas de laudes.

Después de la comunión, con su canto propio, se canta el cántico de Zacarías, con su antífona, de las Laudes. Seguidamente, se dice la oración para después de la comunión y lo demás, como de costumbre. (OGLH 94).

Unir vísperas con la misa. Unir la misa con I vísperas

Las Vísperas se unen a la misa, cuando preceden inmediatamente a la misma, del mismo modo que las Laudes. Pero las primeras Vísperas de las solemnidades, domingos y fiestas del Señor, que coinciden en el domingo no podrán celebrarse hasta que se haya celebrado la misa del día precedente o del sábado.(OGLH 96).

Para este último caso, es decir cuando queremos unir la misa del día con las I Vísperas del día siguiente, las Vísperas seguirán a la misa del día anterior de la siguiente forma:

Dicha la oración para después de la comunión, comienza inmediatamente la salmodia. Terminada la salmodia y omitida la lectura, se continúa con el cántico de María, con su antífona, y, omitidas las preces y el Padrenuestro, se dice la oración conclusiva y se bendice al pueblo (OGLH 97).

Laudes y vísperas de las memorias obligatorias

a) Los salmos, con sus antífonas, se tomarán de la feria correspondiente, a no ser que haya antífonas o salmos propios, lo que se indicará en su lugar.

b) La antífona del Invitatorio, el himno, la lectura breve, las antífonas del cántico de Zacarías y del cántico de María y las preces, si son propios, se han de decir del santo; en caso contrario, se tomarán del Común o de la feria correspondiente.

c) La oración conclusiva se ha de decir del santo (OGLH 235).

Queda claro, según este texto, que la obligatoriedad de la memoria sólo afecta a lo que de propio tenga el oficio del santo. En la inmensísima mayoría de las memorias, basta hacer la oración propia del santo y las antífonas de los cánticos evangélicos, si son propias. NO ES OBLIGATORIO acudir al Común desde la lectura breve en adelante. NO PARECE TAMPOCO LO MÁS RECOMENDABLE, pues si la semana tiene varias memorias, por ejemplo de pastores, nos arriesgamos a estar recitando la misma lectura breve, la misma antífona de los cánticos evangélicos y las mismas preces toda la semana, privándonos con ello de la riqueza y variedad que nos ofrece el oficio de la feria correspondiente.

Bibliografía

  • AA. VV. Orar con los salmos, Cuadernos phase 9, CPL, Barcelona 1989, pp.68.
  • La oración de las horas, en Orar 39, pp. 43.
  • Por qué y cómo orar los salmos, en Orar 98, pp. 33-35.

Para el rezo concreto de los salmos, puedes ser útiles las siguientes obras, con moniciones y oraciones sálmicas aplicables a la vida religiosa.:

ALDAZÁBAL JESUCRISTO, Principios y normas de la liturgia de las horas, Centro de Pastoral Litúrgica, pp. 96

Texto de la “Institutio generalis sobre la Liturgia de las Horas” con comentarios de Aldazábal.

FARNÉS SCHERER Pedro, Moniciones y oraciones sálmicas para Laudes y Vísperas de las cuatro semanas del salterio, Editorial Regina, Barcelona 1981, pp. 285

APARICIO, AGUSTÍN, CARCÍA PAREDES, J.C.R., Los salmos, oración de la comunidad, Publicaciones claretianas, Madrid.