Oración y trabajo

Desearía saber en qué se ocupan los que rehúsan el trabajo corporal. En oraciones, dicen, salmodias, lecturas y contemplación de la palabra divina. Santas son esas ocupaciones y laudables en la suavidad de Cristo. Pero, si no hubiésemos de interrumpirlas, ni hemos de comer ni preparar los alimentos cada día para poderlos servir y tomar. Supongamos que algún quebranto de salud obliga a los siervos de Dios a emplearse exclusivamente en dichas ocupaciones. ¿Por qué no hemos de reservar otras temporadas a obedecer los preceptos apostólicos? Dios escucha una sola oración del obediente antes que diez mil del rebelde. El cantar himnos santos es perfectamente compatible con el trabajo manual; es suavizar el mismo trabajo con un sagrado sonsonete. ¿Acaso no vemos cómo los artesanos emplean el corazón y la lengua en vanidades y aún en torpezas fabulosas del teatro sin quitar la mano a la labor? ¿Qué le impide al siervo de Dios durante su trabajo manual el meditar en la ley del Señor y salmodiar en el nombre de Dios Altísimo, con tal que le quede tiempo para aprender de memoria lo que después ha de cantar?

San Agustín, El trabajo de los monjes 17,20