Sentir hambre para ser saciados

«¿A quién, quiénes o qué pedimos? Pedimos al Dios bueno; pedimos nosotros, hombres malos; pedimos, sin embargo, la justicia que nos hará buenos. Pedimos, pues, algo que poseer eternamente, algo de que no volveremos a sentir necesidad una vez que hayamos sido saciados. Mas, para llegar a esta saciedad, sintamos hambre y sed; sintiendo hambre y sed, pidamos, busquemos, llamemos. Dichosos quienes tienen hambre y sed de justicia (Mt 5,6). ¿Por qué dichosos ? Tienen hambre y sed, y ¿son dichosos? ¿Fue alguna vez la penuria fuente de dicha? No son dichosos porque sienten hambre y sed, sino porque serán saciados (ibid). La dicha se hallará en la saciedad, no en el hambre. Preceda, pues, el hambre a la saciedad, no sea que el cansancio de placer sea causa para no acercarse a los panes».

San Agustín, Sermón 61,6,7